Noticias #eXplora <a href="https://static4.abc.es/media/ciencia/2020/10/06/agn-galaxia-kRDB--620x349@abc.jpg">Media</a>Una serie de fuertes emisiones de rayos gamma podrían estar diciéndonos que lo que hasta ahora parecían ser gigantescos agujeros negros son, en realidad, enormes agujeros de gusano, túneles en el espacio-tiempo que comunican, como si de una red de Metro se tratara, puntos distantes del Universo. Esa es, en efecto, la sorprendente conclusión de un equipo de astrofísicos dirigido por Mikhail Piotrovich, del Observatorio Astronómico Central de San Petersburgo, en Rusia. El trabajo, que se publicará próximamente en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, puede ya consultarse en el servidor de prepublicaciones ArXiv. En teoría, los agujeros de gusano permitirían viajar en poco tiempo a cualquier lugar del espacio, o incluso a otros universos, sin violar las leyes físicas que establecen que nada puede superar la velocidad de la luz, cerca de 300.000 km por segundo. La existencia de los agujeros de gusano está predicha por la teoría de la relatividad general de Einstein, que los considera posibles, aunque hasta el momento nadie ha podido encontrar uno. En muchos de sus aspectos, los agujeros de gusano son similares a los agujeros negros, algo que según los investigadores podría llevar a los astrónomos a confundirlos. Ambos tipos de objeto, en efecto, son extraordinariamente densos, y ambos hacen gala también de una atracción gravitatoria extremadamente poderosa. Agujeros de gusano, con «puerta» de salida» La principal diferencia, sin embargo, es que mientras que ningún objeto (ni siquiera la luz) puede volver a salir después de cruzar el horizonte de sucesos de un agujero negro, cualquier objeto que entre en un agujero de gusano podría, en teoría, volver a salir a través de otro agujero distante. Partiendo de la base de que tales agujeros de gusano existen realmente, los investigadores buscaron las formas en que podríamos distinguirlos, desde nuestra posición, de simples agujeros negros. El estudio se centra en los agujeros negros más grandes, los supermasivos, que tienen masas comprendidas entre millones y miles de millones de veces la del Sol y que habitan en los centros de la mayor parte de las galaxias. En el centro de nuestra Vía Láctea, sin ir más lejos, duerme Sagitario A*, un monstruoso agujero negro con una masa superior a los cuatro millones de soles. Cualquier objeto, pues, que entrara por uno de los extremos de un agujero de gusano saldría inevitablemente por el otro. Los investigadores razonaron que eso implica que la materia que entrara por una de las «bocas» del agujero de gusano podría chocar con la materia que hubiera entrado al mismo tiempo por el otro extremo. Una clase de evento que nunca podría suceder en un agujero negro. Un vistazo a los monstruos que devoran materia Según el estudio, cualquier materia que entre en un agujero de gusano supermasivo viajará probablemente a una enorme velocidad, debido al poderoso campo gravitatorio. ¿Qué ocurriría entonces si esa materia se encontrara con la que ha entrado por el otro extremo y fluye en dirección contraria? El resultado sería, para los investigadores, una serie de esferas de plasma que se expandirían por las dos entradas del agujero de gusano casi a la velocidad de la luz. «Lo que más me sorprende -explica Piotrovich- es que nadie hasta ahora haya propuesto esta idea, porque es bastante simple». Para comprobar si estaban en lo cierto, los investigadores compararon los teóricos estallidos gamma de esos agujeros de gusano con los que realmente se producen en un tipo de agujeros negros supermasivos conocidos como «núcleos galácticos activos» (AGN). De hecho, cuando uno de estos monstruos devora materia, emiten una cantidad de radiación mayor que la de toda nuestra galaxia, y lo hacen además a través de un área de espacio que no es mayor que nuestro Sistema Solar. Los AGN, en efecto, aparecen rodeados por anillos de plasma ardiente (llamados…

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