Noticias eXplora: Magia y demonios en Mesopotamia El análisis del material arqueológico, como el descubierto en el Cementerio Real de Ur, nos permite corroborar la creencia de que el destino del alma no era el mismo para todos. Este yacimiento, situado al sureste del gran Zigurat de Ur, fue excavado entre 1922 y 1934 por Leonard Woolley, en asociación con el Museo Británico y el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania. Tras la finalización de los trabajos de investigación, se catalogaron unos 1.850 enterramientos situados en uno de los sectores más privilegiados de este enclave de la actual provincia iraquí de Dhi Qar. Las tumbas fueron utilizadas durante un largo periodo de tiempo, entre el 2650 y el 2050 a. C. Excavaciones en el cementerio Real de Ur (Fuente: Wikipedia) Una buena parte de las tumbas encontradas constan de pequeñas cámaras a las que se accedía por un pasillo inclinado (dromos). Algunas son más complejas, con varias estancias o habitaciones por las que se distribuyen los ajuares funerarios. Entre las peculiaridades presentes en las tumbas reales de Ur, encontramos la evidencia de sacrificios humanos y animales, similares a los documentados en Egipto durante las primeras dinastías. En tumbas como la de la princesa Puabi aparecieron 70 individuos sacrificados (posiblemente narcotizados antes de morir y ser enterrados), lo que parece indicar la creencia de que el fallecido requeriría de los mismos cuidados que tuvo en vida, pero a partir de ahora en el otro mundo. Entre todas estas tumbas destacan algunas (unas 16) por sus dimensiones, pero sobre todo por la calidad de los objetos encontrados en su interior, lo que ha llevado a considerarlas lugar de reposo de los reyes sumerios de la I Dinastía de Ur, como Meskalamdug, Shulgi y Amar-Sin. En estas tumbas de gran riqueza, los fallecidos fueron enterrados en simples ataúdes hechos con materiales no suntuosos, como madera, mimbre o arcilla. Incluso llegaron a ser envueltos con una sencilla estera, pero junto a ellos apareció un gran ajuar formado por piezas de gran valor, realizadas con oro, plata, lapislázuli y conchas. Entre las más representativas se encuentra una estatua datada a mediados del III milenio antes de nuestra era, en la que aparecen dos carneros apoyados sobre un árbol, todo con bella manufactura, pero sobre todo destaca el conocido como estandarte de Ur, realizado con conchas, cornalina y lapislázuli, que fue sometido a un riguroso proceso de reconstrucción por estar totalmente deteriorado en el momento de su aparición. Estandarte de Ur (Fuente: Wikipedia) Al parecer, el estandarte no fue más que una caja de resonancia de algún tipo de instrumento musical, aunque no podemos asegurarlo. En él se distinguen dos caras, la de la paz y la de la guerra; la primera con la representación de un banquete y la segunda de una batalla. Igual atención merece el casco de Meskalamdug, encontrado en la tumba PG 1054. Existen muchas dudas a la hora de conocer la identidad de este personaje, pero generalmente se le considera el padre de Mesannepada, fundador de la primera dinastía sumeria, que logró derrotar al rey de Kish e incluso al mítico Gilgamesh. Meskalamdug fue hallado en un sencillo ataúd de madera, acompañado de una gran cantidad de armas, entre ellas una daga y un fabuloso casco realizado en oro. Por lo que hemos visto, podemos deducir que el monarca y su familia seguirían disfrutando de un tipo de vida similar a la terrenal en el más allá. La presencia de instrumentos musicales, armas e incluso concubinas nos indica que podría seguir gozando de ciertos placeres eróticos, banquetes y cantos, mientras que para el resto de los mortales su destino no era tan halagüeño, al menos en un principio. La sofisticación de las piezas que formaban parte de algunos ajuares funerarios y la riqueza de algunas de sus tumbas ha llevado a los arqueólogos a proponer un nuevo punto de vista en lo que concierne a la visión que los sumerios tenían del mundo del más allá. La complejidad de sus rituales…