El matrimonio Warren se ha convertido en un icono de la cultura popular gracias a las películas que han llevado a la gran pantalla algunos de sus casos más terroríficos. Sin embargo, las historias que hemos conocido a través del cine son solo un mínimo ejemplo del enorme archivo que esta peculiar pareja de investigadores de lo paranormal acumularon a lo largo de su carrera. Gracias a Ediciones Obelisco, que está traduciendo las obras de los Warren al castellano, ahora podemos acceder a muchos de sus famosos "expedientes". Por cortesía de la editorial, en Espacio Misterio os ofrecemos algunos de los más impactantes. Ed y Lorraine Warren se conocieron en 1942. Inmediatamente, ambos conectaron de forma especial. Cuando Ed le confesó a su futura esposa que, desde que eran un niño, le sucedían cosas extrañas, Lorraine prestó mucha atención. Ed le contó que la casa en la que vivía cuando era niño estaba embrujada. Muchas noches se iba a la cama aterrado, ya que las puertas de su armario se abrían y cerraban solas y, además, ante él aparecían diferentes rostros que no debían estar allí que le hacían gestos y le hablaban. Lorraine se sintió inmediatamente identificada. A ella le sucedía lo mismo, e incluso era capaz de percibir el aura de las personas. Con el inicio de la II Guerra Mundial, Ed fue llamado a filas y sus aventuras en busca de lo paranormal se hicieron esperar. Pero en 1952, fundarían la NESPR, New England Society for Psychic Research (Sociedad para la Investigación de Fenómenos Paranormales de Nueva Inglaterra), una entidad sin ánimo de lucro destinada a ayudar a quienes afirmaban ser víctimas de fenómenos extraños o espíritus diabólicos. Ante cualquier solicitud de ayuda, los Warren se dirigían a la casa en cuestión, entrevistaban a sus habitantes, evaluaban el caso y decidían si tomar cartas en el asunto o no. Esta es una de sus historias recogida en El Cementerio... Ed y Lorraine Warren, ambos ya fallecidos LA DAMA BLANCA Un vagabundo al que se le hizo de noche en Monroe decidió dormir en la colina que domina el cementerio Union, en Connecticut (EE UU). La noche era perfecta para dormir al aire libre: una temperatura de más de veinte grados, un cielo despejado e iluminado por las estrellas y el olor dulzón de la hierba recién cortada impregnando el aire. Poco después de las diez, el vagabundo desenrolló su saco y se puso a dormir. Sin embargo, alrededor de la medianoche, se despertó sin saber exactamente el motivo. Lo atribuyó al hecho de tener un sueño muy ligero. Los vehículos y trenes siempre lo despertaban, aunque circularan a gran distancia. Se incorporó mientras se frotaba los ojos. A sus pies se extendía el cementerio Union; la luz de la luna le daba un aura de dignidad y convertía sus límites en imprecisos. Ante la visión de las tumbas, no pudo evitar que sus pensamientos le llevaran hasta el día de su propia muerte. Tenía un hijo en alguna parte del que quería despedirse antes de que le llegara la hora. Fue entonces cuando vio el resplandor. Al principio no supo qué estaba viendo; parecía simplemente un resplandor alargado que revoloteaba por entre las tumbas. Fascinado, se puso de pie y descendió rápidamente la colina sobre la hierba recién cortada. Y, tan súbitamente como había aparecido, la Dama Blanca desapareció Entonces vio que el resplandor en realidad era una mujer vestida con un velo y un vestido nupcial, aunque el estilo parecía ser del siglo anterior. Alrededor de la mujer se movían unas figuras pequeñas y oscuras. El vagabundo oyó la voz de la mujer... Parecía estar discutiendo con las figuras. Y, tan súbitamente como había aparecido, la Dama Blanca desapareció, llevándose con ella a las figuras oscuras. El vagabundo jamás olvidó su encuentro con la dama blanca; como tampoco lo han olvidado las numerosas personas que han tenido experiencias similares con ella. Dada la naturaleza de los fantasmas (personas que han sufrido una tragedia y que, por tanto, permanecen anclados al lugar donde esta se produjo)…

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