Noticias eXplora: ¿Puede un asteroide acabar con la vida en la Tierra? La posibilidad de que un asteroide o un cometa pueda impactar contra nuestro planeta provocando un desastre global es tan real que, en 1998, Estados Unidos, la Unión Europea y otros países pusieron en marcha el programa 'Spaceguard' (bautizado así en honor al sistema de alerta temprana imaginado por Arthur C. Clarke en una de sus novelas), una iniciativa destinada a detectar y vigilar objetos astronómicos cercanos a la Tierra y potencialmente peligrosos. En el remoto pasado, colisiones de objetos astronómicos de este tipo han jugado un importante papel en el desarrollo geológico y biológico de la Tierra. Hoy sabemos, por ejemplo, que hace unos 65 millones de años se produjo una extinción masiva –desaparecieron más de la mitad de las especies, entre ellas los dinosaurios– causada, muy probablemente, por el impacto de una roca de origen extraterrestre de unos 10 kilómetros de diámetro –el llamado Impacto K/T–, en lo que actualmente es la península del Yucatán (México). Por estadística deberíamos haber recibido la 'visita' de uno de estos temibles objetos hace ya algún tiempo Los científicos calculan que, aproximadamente una vez cada 100.000 años, un objeto de unos 800 metros de diámetro impacta en nuestro planeta, mientras que cuerpos más grandes, de más de 6 kilómetros de diámetro –con potencial de causar extinciones masivas– caen en la superficie terrestre una vez cada 100 millones de años. Muchos especialistas consideran que, teniendo en cuenta estos datos, por estadística deberíamos haber recibido la 'visita' de uno de estos temibles objetos hace ya algún tiempo. De modo que sí, hay motivos para mirar al cielo con preocupación. La caída de un asteroide de tan sólo 20 metros de diámetro sería capaz de provocar importantes daños a nivel local. Hasta los 150 metros, la mayoría de los objetos que penetraran en nuestra atmósfera se verían reducidos en gran medida, pero aún así podrían causar serios problemas. En 1908, la región siberiana de Tunguska sufrió las consecuencias de la caída de un objeto de unos 90 metros de diámetro que estalló en el aire, arrasando una región de bosque y tundra de unos 5.000 kilómetros cuadrados. Si un hipotético asteroide de 200 metros impactara en el océano, generaría supertsunamis que inundarían las ciudades costeras de varios continentes; si cayera en tierra firme, el impacto elevaría a la atmósfera grandes cantidades de polvo –además de liberar energía equivalente a varios miles de bombas nucleares–, impidiendo la entrada de luz solar, lo que causaría la muerte de multitud de especies. Según científicos como Duncan Steel, experto en asteroides y cometas de la Universidad de Stanford (EE UU), impactos como este suelen producirse una vez cada varios miles de años. Árboles calcinados y derribados en Tunguska en el típico patrón circular de los bólidos de alta energía El último aviso 'serio' se produjo el 15 de febrero de 2013, cuando un meteoroide de unos 20 metros de diámetro –bautizado como bólido de Cheliábinsk– entró en la atmósfera a la altura de la región rusa de los Urales. El objeto explotó a varios kilómetros de altura y liberó una energía de unos 500 kilotones, 30 veces superior a la bomba de Hiroshima. La NASA calculó que debía pesar 10.000 toneladas, y 'sólo' llegaron al suelo unos 6.000 kg de meteoritos, repartidos en varios fragmentos (el mayor pesaba 650 kg). Aunque nadie murió, más de 1.500 personas sufrieron heridas de diversa consideración (en su mayoría debido a la onda expansiva, que causó rotura de cristales y caídas) y aproximadamente un centenar tuvieron que ser hospitalizadas. Los daños materiales fueron cuantiosos. El entonces primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, declaró a la prensa que aquel suceso era una "prueba de la vulnerabilidad del planeta", por lo que debíamos prepararnos frente a posibles "sucesos futuros". CUANDO EL PELIGRO LLEGA DEL CIELO Según los cálculos de los científicos, hay aproximadamente un millón de asteroides conocidos en nuestro…