Día 9. Una jornada de récord

Hoy amanecimos muy temprano. <strong>El barco no había parado de moverse</strong> prácticamente desde que terminó la inmersión de ayer. Habíamos navegado toda la noche por el mar de Weddell hacia el océano abierto, alejándonos de los numerosos icebergs que poblaban la zona en la que nos encontrábamos.<strong>Navegar entre témpanos de hielo es delicado</strong>: nuestro capitán siempre se mantiene a una distancia prudencial de un kilómetro de los bloques más grandes, la velocidad del barco ha de ser mucho menor y en el puente de mando se refuerza el número de personas vigilando. Más por la noche, cuando se navega sin luz y <strong>una colisión a una velocidad moderada con un pedazo del hielo</strong> del tamaño de un coche puede ser fatal.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/08/mapa-de-situacion-de-la-expedicion-a-la-antartida_82bf2ffb_800x526.jpg">Mapa de situación de la expedición a la Antártida.</a>La noche pasó rápido y llegadas las 8 de la mañana un mensaje interno nos avisaba de que <strong>habíamos pasado los 65º de latitud. Nos encontrábamos muy al sur</strong>. De hecho, estábamos más al sur de lo que algunos miembros de la tripulación habían navegado jamás, y estamos hablando de marineros que tras un día de trabajo en cubierta te sueltan frases como “ya descansaremos en el Drake”. El caso es que se trata de <strong>un auténtico récord</strong> para muchos de ellos y por ende para nosotros, pues resulta bastante probable que <strong>jamás volvamos a transitar estas latitude</strong>s.Para la operación de hoy decidimos subir al puente de mando. Todo estaba en marcha cuando de repente por la radio se escuchó a <strong>los operarios de la lancha pedir permiso para lanzarse al agua</strong>. Siempre es el primer paso antes de cada inmersión. En ella viaja un piloto, cuando es posible un fotógrafo, además de dos miembros de la tripulación encargados de desenganchar los cabos con los cuales se asegura el submarino durante su botadura y recogida.Los mensajes de radio se sucedían a cada momento, pues cualquier maniobra implicada debía contar con <strong>el consentimiento explícito del capitán</strong>, desde la botadura de la zodiac, pasando por la sonda de comunicaciones, hasta todo lo relativo al propio submarino.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/08/dab9-foto2-32a9019_49feff38_800x533.jpg">El submarino comprueba su movilidad durante unos segundos antes de iniciar la inmersi&amp;oacute;n. </a><a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/08/dab9-foto4-32a9036_2fe3c01f_800x534.jpg">Momentos previos a la recogida del submarino tras la exploraci&amp;oacute;n. </a>Una vez tomó contacto con el agua, todo quedó en manos de sus ocupantes. También era un reto para ellos, quienes estaban a punto de realizar <strong>la inmersión científica con un submarino tripulado más meridional de la que jamás se tenga constancia</strong>.A partir de ahora las comunicaciones en el puente se centrarían en el sumergible. Por un canal especial y gracias a <strong>una sonda situada a 15 metros bajo el barco</strong>, el operario de radio realizaba un seguimiento de cada uno de los pasos del submarino, desde el cual, cada poco tiempo, informaban de la profundidad a la que se encontraban. Mientras, <strong>una pantalla también advertía de su posición</strong> respecto del barco y un sonido periódico en forma de clic confirmaba que el canal de comunicación seguía abierto:“Clic, clic…
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-150 feet. 1.5.0. (…ruido blanco).
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Clic, clic…
- …
-Deepworker, Deepworker: Roger that! 150 feet. 1.5.0. Copy (…ruido blanco)
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Clic, clic…”Transcurrieron dos horas hasta recibir el aviso del regreso del submarino. La inmersión se presumía exitosa debido a su duración y así lo parecía confirmar la enorme sonrisa que, a través de la escotilla del submarino, aún en el agua, se dibujaba en los labios de la investigadora.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/08/dab9-foto3-32a8438_d83e78e1_800x533.jpg">Los…

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