Noticias #eXplora <a href="https://static3.abc.es/media/ciencia/2020/10/07/244981-kN8B--620x349@abc.jpg">Media</a>El virus de la rubeola es un buen argumento contra los antivacunas, porque ha sido prácticamente erradicado gracias a la vacunación. También puede servir como argumento para los que insisten que el SARS-CoV-2 es un patógeno tan peligroso y su origen tan oscuro que tiene que haber sido creado en un laboratorio: el virus de la rubeola también es muy contagioso y peligroso y su origen es totalmente incierto, aunque lleve por lo menos dos siglos infectando al ser humano. Precisamente este miércoles, un estudio publicado en «Nature», y realizado por dos equipos de investigadores independientes, reveló indicios muy importantes sobre el posible origen del virus de la rubeola. Los científicos han descubierto dos parientes de este virus, llamados ruhugu y rustrela, en ratones de campo de Alemania y murciélagos de Uganda. Además, los autores han descrito estos virus y han comparado su «parentesco», entre sí y con la rubeola, en unos análisis que son fundamentales para encontrar el origen de este virus. «¿Por qué ha sido tan difícil situar los orígenes de los parientes del virus de la rubeola?», se pregunta Tony Goldberg, investigador en la Universidad de Wisconsin-Madison y director del equipo estadounidense implicado en el estudio. «¿Por qué han pasado 206 años desde que George Maton describiera por primera vez la rubeola y, ahora, en un plazo de tres meses, dos equipos independientes lo han averiguado, y encima han tenido la suerte de oír de los resultados del otro equipo?». Para Goldberg la respuesta está en la tecnología, que ahora ha avanzado lo suficiente como para hacer más fácil la búsqueda de genomas de virus en animales. Pero también ha influido la suerte. O, mejor dicho, la serendipia. Dos nuevos virus, por casualidad Como ya le ocurrió a Alexander Fleming en los años 20, cuando la casualidad y la curiosidad le llevaron a descubrir las propiedades antibióticas de la penicilina, el equipo de Goldberg estaba buscando coronavirus en murciélagos de Uganda, antes de la pandemia, cuando dieron con algo que no esperaban encontrar: la secuencia de un virus desconocido, en muestras tomadas de murciélagos «cíclopes de nariz con forma de hoja» (Doryrhina cyclops). Un murciélago próximo a Doryrhina cyclops - Allen, J. A., Lang, H., & Chapin, J. P. Los análisis mostraron que este virus, llamado ruhugu (en honor a la palabra obuhuguhugu, que en una lengua ugandesa significa algo así como aleteo), es muy similar al virus de la rubeola: solo difiere en una pequeña región de sus genes, en una región implicada con la producción de la proteína que le permite unirse a las células a las que ataca. Con unos tres meses de separación, otro equipo de investigadores trabajaba en Alemania en averiguar qué patógeno, causante de tumefacción en el cerebro, había sido capaz de matar a un burro, a un canguro y a un capibara en un zoo. Entonces, dieron con el virus rustrela, en honor a Strelasund, un brazo del mar Báltico, en los cerebros de estos animales muertos. Después, también encontraron al virus en los cerebros de ratones de campo de cuello amarillo perfectamente sanos, a unos 10 kilómetros del zoo. Los autores han comentado que ninguno de estos virus infecta a humanos, pero que ambos pertenecen a la familia Matonaviridae, un grupo de virus cuyo único integrante conocido era el virus de la rubeola, desde que se identificara en 1962. La peligrosa y escurridiza rubeola La rubeola es un virus de transmisión aérea prácticamente erradicado gracias a la vacunación (se han administrado más de 500 millones de dosis desde los años setenta), aunque todavía hay brotes en diversas partes del globo. Causa sarpullidos y síntomas similares a los de la gripe, y puede provocar abortos o malformaciones en bebés: cada año, 100.000 niños nacen con sordera, ceguera o problemas de corazón por culpa de este virus. Hasta ahora, nunca se había descubierto al virus…

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