Noticias eXplora: Las tumbas perdidas de los inmortales Gilgamesh es el primer gran héroe conocido que, a pesar de su antigüedad, no pierde vigencia. Encarna el deseo esencial del ser humano por escapar de la muerte y conquistar la inmortalidad. Como protagonista del famoso poema que lleva su nombre, buscó sin descanso la planta que le otorgara la vida eterna y, cuando la obtuvo después de un ajetreado viaje, la terminó perdiendo por un revés del destino. Durante un descuido mientras se bañaba, una serpiente devoró el poderoso vegetal y por eso los ofidios rejuvenecen mudando la piel. Tablilla que relata parte de la Epopeya de Gilgamesh Pero más allá de la literatura, Gilgamesh pudo vivir realmente a mediados del segundo milenio antes de Cristo y ser uno de los grandes monarcas de la ciudad sumeria de Uruk. Si bien, las disputas acerca de su historicidad continúan abiertas entre los especialistas. Por tal motivo, resultaría fundamental encontrar su tumba. Según el poema, Gilgamesh, una vez entendió que la eternidad le había sido denegada por los dioses, dispuso su muerte como un acto de suicidio ritual y colectivo. Mandó excavar un túmulo en el lecho desecado del río Éufrates, tras ordenar desviar sus aguas. Luego, se introdujo en el interior junto a sus esposas, hijos, concubinas, sirvientes y bienes más apreciados. Hecho lo cual, las puertas fueron selladas y el cauce del río devuelto a la posición original para cubrir con él la sepultura. Este procedimiento coincide con la costumbre mesopotámica del asesinato ritual del séquito regio cuando el monarca es enterrado. Hábito detectado por los arqueólogos en los 'pozos de la muerte' que aparecen junto a las tumbas reales de la ciudad de Ur. Este procedimiento coincide con la costumbre mesopotámica del asesinato ritual del séquito regio cuando el monarca es enterrado Pues bien, el año 2003, Jorg Fassbinder, del Departamento Bávaro de Monumentos Históricos de Múnich, afirmó haber detectado unas estructuras en Uruk que por su ubicación y características recordaban la descripción ofrecida por el texto épico. En palabras de este arqueólogo, "encontramos en las afueras de la ciudad, en el medio del antiguo cauce del Éufrates, los restos de un edificio que podría ser una tumba", junto a un sofisticado sistema de canales y casas destruidas por inundaciones. "Era como Venecia en el desierto", aseguraba Fassbinder, quien publicó sus sondeos geomagnéticos en la revista académica Archaeologia Polona. Sin embargo, aunque este anuncio levantó una gran polvareda mediática, no removió de igual manera las arenas del desierto y seguimos a la espera de más novedades al respecto. LA TUMBA ALQUÍMICA DE QUIN SHI HUANG Otro buscador de la inmortalidad fue Quin Shi Huang, unificador de los siete reinos chinos allá por el siglo III a. C. Tanto amaba la vida este emperador que reclutó para su corte a los mejores médicos taoístas del momento con la intención de que elaboraran la fórmula para detener el reloj de la vejez. Como también oyó hablar de las míticas Islas de los Inmortales, el gobernante chino organizó una expedición, capitaneada por uno de sus ministros, quien se marchó, surcando los mares del este, para no regresar jamás. Finalmente, el emperador murió sin remedio a los 39 años y su tumba nos genera hoy día una terrible ansiedad. Porque si lo que ya conocemos de ella resulta inconmensurable, lo pendiente por conocer dispara toda suerte de imaginaciones. El emperador Quin Shi Huang fue el unificador de los siete reinos chinos allá por el siglo III a. C El año 1974, varios agricultores de la provincia china de Shaanxi tropezaron, por pura casualidad, con una extraña estructura subterránea. Las pesquisas científicas posteriores enseguida determinaron que se estaba ante los restos parciales de la última morada del citado gobernante. Alrededor de 8.000 soldados y caballos de terracota habían sido sepultados allí, conformando un ajuar funerario sin precedentes. Correspondían a los hoy día universalmente…