El 19 de octubre de 2017, científicos del observatorio Haleakala, en Hawái, detectaron un extraño objeto interestelar en movimiento próximo a nuestro planeta. A pesar de sus pecualiaridades, una gran parte de la comunidad científica lo acabó etiquetando como un asteroide. "Este visitante, comparado con los demás objetos que han estudiado alguna vez los astrónomos, era muy extraño", apunta el catedrático de Astrofísica, Avi Loeb, en su libro Extraterrestre (Planeta 2021). Durante once días, "el plazo que tuvimos para observar el primer visitante interestalar conocido", los científicos recabaron toda la información que pudieron de este polémico objeto. Conforme se definían algunas de sus peculiarides, resultaba más difícil encajar Oumuamua dentro de las hipótesis habituales. Lo primero que llamó la atención fueron sus dimensiones y geometría. El objeto mide cien metros de largo (casi lo que un campo de fútbol) y nueve de ancho, convirtiéndose inmediatamente en la estructura más alargada vista nunca en un cometa o asteroide. Pero no conviene olvidar otra extraña peculiaridad: el objeto desprendía una luminosidad, como mínimo diez veces más que la de otros asteroides detectados en el sistema solar. "Llegó a nuestro vecindario como un extraño, pero se fue siendo algo más", señala Loeb, "se había marchado y nos había dejado una ristra de preguntas sin respuesta que motivó un análisis meticuloso de los científicos y despertó la imaginación de todo el mundo". Pero no fue eso lo que más desconcertó a los científicos, sino su trayectoria. "Cuando Oumuamua se aceleró en su camino alrededor del Sol, su trayectoria se desvió de la que cabría esperar por la mera gravedad del Sol". Las leyes de la física permiten predecir cuál debería ser la trayectoria de un objeto, pero eso no pasó con Oumuamua. Meses después de detectarlo, los investigadores confirmaban que la trayectoria de este misterioso objeto interestelar se había desviado de forma estadísticamente significativa del rumbo esperado. Dadas sus peculiares características, Oumuamua es difícil de encajar en las hipótesis convencionales. ¿Y si se trata de un objeto de origen extraterrestre? "Para mí, este es el dato más desconcertante de los que se acumularon" con respecto a Oumuamu, apunta Avi Loeb en su libro. Analizaron y descartaron las diferentes posibilidades que pudieron causar este desvío, pero las opciones se iban agotando. "No había ninguna explicación obvia del motivo". En esta tesitura, Loeb lanzó una hipótesis arriesgada pero no carente de argumentos: ¿y si se tratara de un objeto de origen extraterrestre? "Creo que en 2017 cruzó por nuestro sistema solar un indicio que respalda la hipótesis de que la respuesta a la última oregunta es sí". Ante tales conclusiones, gran parte de la comunidad científica se cerró en banda. Así, descartadas las hipótesis convencionales para explicar el paso de Oumuamua, los científicos tuvieron que plantear opciones nuevas nunca antes puestas sobre la mesa para intentar explicar las peculiaridades señaladas. "Una posibilidad es que este objeto sea una vela solar que flote en el espacio interestelar como residuo de un equipamiento tecnológico avanzado", expone Loeb, que considera que afrontando esta hipótesis con curiosidad científica se abre un abánico muy sugerente para nuevos indicios y descubrimientos. Buscando apoyar su hipótesis, Avi Loeb repasa en su libro algunas de las investigaciones más relevantes en busca de vida extraterrestre que han llegado a conclusiones como que no estamos solos en el vasto Universo y que seguramente, muchas de esas civilizaciones que deben existir ahí fuera habrán tratado de comunicarse con otras formas de vida. ¿Es Oumuamua el vestigio de una antigua civilización? Aunque en la actualidad pueda ser considerado "chatarra" espacial, en su día pudo ser equipamiento tecnológico extraterrestre. Portada del libro de Avi Loeb, catedrático de Astrofísica de la Universidad de Harvard "Parte de la reticencia a buscar vida extraterrestre…

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