Noticias eXplora: Lo saben todo de ti Hoy en día nos han convencido de la necesidad de estar permanentemente controlados y vigilados. De que no pasa nada porque aportemos nuestros datos. Y lo hacemos incluso en momentos y situaciones que nos parecen inofensivos. Por ejemplo, con las tarjetas de puntos y descuentos de supermercados, grandes almacenes y otros comercios, ¡hasta farmacias! Estamos entregando muy valiosa información sobre nuestra dieta, capacidad de consumo, para cuánta gente compramos y con qué regularidad, además de datos básicos como nuestro domicilio o teléfono. Con estos datos es fácil deducir qué tipo de vida llevamos, cuánto dinero ganamos e, incluso, cuándo nos vamos de vacaciones. Y con ellos se crean bases de datos muy completas, con información que es vendida sin nuestro consentimiento a terceros, que las emplearán con fines comerciales, entre los que se incluye el envío de publicidad personalizada. Cualquiera que se empeñe en entrar en nuestro móvil u ordenador, antes o después lo hará Con los datos que damos por Internet se crean bases de datos muy completas, con información que es vendida sin nuestro consentimiento a terceros Sin duda, esta situación, la facilidad con la que se adquiere información sobre una persona, es una gran ventaja para la inteligencia (las personas que tienen como misión la obtención de información ajena para su transformación en inteligencia útil), pero una verdadera pesadilla para la contrainteligencia (aquellos que actúan para proteger la información propia). No significa que la importancia de la inteligencia humana haya desaparecido, ni vaya a hacerlo. Aunque es obvio que muchas de las operaciones de recogida de información, en algunos casos muy arriesgadas, se han convertido en innecesarias, o al menos en secundarias. Es más, en no pocas ocasiones, el espiado aporta voluntaria e inadvertidamente más información de la que se buscaba. Y hay un aspecto que no se debe olvidar: cualquiera que, con los medios técnicos convenientes –incluidos programas tan sofisticados como caros–, se empeñe en entrar en nuestro móvil u ordenador, antes o después lo hará. Es decir, además de los datos que de por sí aportamos de forma constante al utilizar cualquier dispositivo conectado a Internet, alguien puede entrar en él para terminar de hacerse con cualquier otra información que desee, quedando completamente a su merced las aplicaciones y funciones que tengamos instaladas. PSICOPROGRAMA GLOBAL Estamos inmersos en lo que se ha dado en llamar «sociedad de la información». Interconectada las veinticuatro horas del día a través de Internet, lo que significa que nuestras vidas están siendo monitorizadas y registradas de forma constante, en ella todo es medible y cuantificable. Es posible conocer los secretos más íntimos de las personas tan solo analizando sus búsquedas en Internet La ingente cantidad de datos que se generan de forma constante e incesante recibe el nombre de big data, los macrodatos. En una sociedad que produce cantidades colosales de datos, voluntaria o inconscientemente, las empresas ya no precisan realizar encuestas personales sobre, por ejemplo, preferencias de consumo o gasto en general. Somos los propios individuos quienes aportamos esa información de manera masiva. Nuestro comportamiento es monitorizado cada vez que nos aproximamos a un aparato conectado a Internet. Y las decisiones, las preferencias y los hábitos son datos mucho más valiosos que las opiniones que pudiésemos dar en una encuesta a pie de calle, en la que las respuestas pueden estar condicionadas artificialmente por el entorno, la situación, el clima, las propias preguntas o incluso la actitud del encuestador. Los datos recopilados de Internet proporcionan una imagen mucho más fiable de cómo nos comportamos frente a determinados estímulos. Nuestra relación con el dispositivo recopilador de datos es más íntima que la que podamos establecer con un encuestador desconocido. Una vez que se conocen esos factores personales…