Educar y reforestar para proteger la selva
La gringa loca. Así apodaron a Anita Studer algunos de los habitantes de Quebrangulo, un municipio brasileño del estado de Alagoas, en el nordeste del país, en plena mata atlántica. El mote se lo adjudicaron a mediados de la década de 1980, cuando esta conservacionista suiza, tan rubia, menuda y siempre sonriente, empezó a ser una presencia constante en este territorio empobrecido, donde la única salida para sus habitantes, trabajadores a sueldo de grandes hacendados dedicados a la ganadería y al cultivo de la caña de azúcar, era talar el bosque. Esta valiosa selva neotropical, que se extiende por Brasil, Paraguay y Argentina, es una de las más amenazadas del planeta y ha quedado reducida a fragmentos discontinuos. La deforestación, iniciada en el siglo XVII, avanzaba ya por aquellos años ochenta a un ritmo alarmante. Hoy apenas subsiste un 12 % de la masa arbórea original.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/04/21/anita-studer-fue-galardonada-en-1990-con-un-premio-rolex-a-la-iniciativa-por-su-ambicioso-proyecto-para-restaurar-parte-de-la-mata-atlantica-brasilena_beccbe7f_800x533.jpg">En la actualidad ya ha plantado m&aacute;s de ocho millones de &aacute;rboles de distintas variedades en colaboraci&oacute;n con la gente del lugar, que ha aprendido que preservar la selva es la mejor manera de salvaguardar su futuro. La primera incursión de Anita Studer a este ecosistema selvático se produjo en 1976, cuando, con 31 años, viajó con su marido al extraordinariamente biodiverso bosque de Pedra Talhada para avistar aves, su gran pasión. «Brasil me enamoró nada más llegar –recuerda–. Desde el primer momento me sentí como en casa». Tras aquella toma de contacto inicial, Studer regresó a Ginebra, en su Suiza natal, y acudió al Museo de Historia Natural para consultar bibliografía sobre aves brasileñas. Quería aprender más sobre ellas, pero encontró muy poca cosa. Decidió que en sus próximos viajes fotografiaría todas las especies que viera, y así lo hizo: durante los siguientes años pasó la mitad del tiempo explorando la naturaleza brasileña. Cuando posteriormente se graduó en Ornitología en la Universidad de Nantes, Francia, decidió hacer su tesis doctoral sobre un pequeño pájaro negro de la familia de los ictéridos, una especie endémica de unos pocos estados del nordeste de Brasil, entre ellos Alagoas: el amenazado chango de Forbes (Anumara forbesi), conocido en el lugar como anumará. Y en 1981, acompañada de su director de tesis, el ornitólogo francés Jacques Vielliard, volvió a la selva de Pedra Talhada para estudiarlo al detalle. «Date prisa –le espetó el profesor–, porque en nueve o diez años este bosque desaparecerá y, con él, también el chango». Impactada por esa aseveración, Studer reflexionó. ¿No sería mejor dedicarse primero a salvar este hábitat y, con él, al chango de Forbes y al resto de sus moradores? Aunque entonces aún no lo sabía, ese pensamiento selló su destino para siempre. «Nunca hubiera imaginado que dedicaría el resto de mi vida a preservar el bosque», asegura Anita.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/04/21/el-embalse-de-carangueja-es-el-corazon-del-area-de-trabajo-de-anita-studer-la-reserva-biologica-nacional-de-pedra-talhada-de-50-kilometros-cuadrados-de-superficie_c074e57f_800x533.jpg">Salvar el bosque significa plantar entre 50 y 100 variedades de &aacute;rboles, por lo que supervisa bien las semillas (derecha, abajo, seis especies locales). Para empezar, decidió establecer contacto con los hombres de poder del territorio, hacendados y políticos al mando de un arraigado sistema feudal. «Ser bajita me ayudó, pues desde el primer momento ninguno de ellos me percibió como una amenaza», recuerda Studer, conocida por su buen carácter y simpatía. Pero aunque la escuchaban, no se la tomaban demasiado en serio, no lograba avanzar. ¿Cómo conseguiría, se preguntó, que la gente del lugar se aviniera a preservar la selva de Pedra Talhada? Para la mayoría, la selva…