Extraterrestre significa, literalmente, que pertenece al espacio exterior de la Tierra o procede de él. Una endeble, pero sugerente, presencia ET ha sido empleada en numerosas ocasiones para explicar los enigmas de la cultura egipcia. Y sin embargo, pocas veces pensamos en los elementos auténticamente extraterrestres que sustentan las creencias de los antiguos egipcios: adoración y culto de un legado realmente venido de las estrellas. La culpa está en la falta de respuestas. La cultura faraónica, que brilló con un esplendor sin igual entre sus contemporáneos, es la civilización de la Antigüedad que más enigmas acumula a lo largo de sus más de 3.000 años de historia. La construcción de las pirámides, su perfecta orientación astronómica o los incomprensibles textos que acompañan a muchas de ellas, señalan en una misma dirección: las estrellas. Algunos de los misterios que rodean a los antiguos egipcios están tan enrocados en la comunidad científica que no son pocos los que han propuesto, quizá de una forma aventurada, la respuesta extraterrestre. Los propios textos antiguos nos hablan de visitas y viajes a las estrellas. El Libro de la vaca celeste nos cuenta cómo los dioses primigenios llegaron del cielo y, como vamos a ver a continuación, los Textos de las pirámides describen con todo detalle cómo podía viajar el faraón hasta las estrellas en los llamados «textos de ascensión». Las huellas de una realidad extraterrestre en el Egipto faraónico son más abundantes de lo que podríamos creer Pero más allá de la interpretación subjetiva que queramos dar a estos documentos religiosos, lo cierto es que las huellas de una realidad extraterrestre en el Egipto faraónico son más abundantes de lo que podríamos creer. No hablan de seres grises de pequeño tamaño con ojos almendrados, pero muestran una realidad igual de misteriosa y fantástica. Los Textos de las pirámides son los textos religiosos más antiguos de la humanidad. Aparecen por primera vez en la pirámide del faraón Unas en Sakkara (ca. 2350 a. C). Su contenido es completamente estelar. A lo largo de casi 230 fórmulas se dan los pasos necesarios para que el faraón difunto ascienda al cielo y se una con sus ancestros, los dioses de la estrellas. ¿Por qué creían los antiguos egipcios que sus dioses procedían de las estrellas? ¿Qué les hizo pensar que el faraón provenía del mismo lugar y que debía reincorporarse a su naturaleza estelar? Texto de las Pirámides (Fuente: Wikipedia) En los Textos de las pirámides podemos encontrar las respuestas. Allí se nos habla de unos misteriosos "rayos" que cruzaban los cielos de Egipto, y estos rayos, llamados bia, estaban hechos de un extraño mineral, terriblemente duro, aunque lo más singular de ellos eran sus poderes mágicos. Los bia, literalmente "el metal del cielo", debieron de ser meteoritos ricos en hierro, los llamados sideritos. Los egipcios vieron en ellos un gesto de gracia por parte de los dioses celestes, los mismos que miles de años antes descendieron sobre la Tierra para crear la civilización. Todo encajaba. Los egipcios emplearon el material de los meteoritos, para ellos sagrado, para la confección de herramientes mágicas que utilizaban en sus rituales Hoy sabemos que muchos de estos meteoritos eran divinizados y adorados en templos. En el libro II de la Historia natural de Plinio el Viejo (23-79 d. C.) podemos leer cómo en el templo de Abydos, la morada de Osiris, divinidad solarizada tiempo después, se adoraba una piedra que la tradición identificaba como caída del cielo. Otros textos nos dicen que en Abydos se veneraba una de las reliquias más importantes de Osiris, su cabeza. Si a esto le sumamos que los egipcios pensaban que los huesos de los dioses estaban hechos de hierro meteorítico, podríamos especular con que la cabeza de Osiris era un meteorito que recordaba el cráneo del dios de los muertos. Los egipcios emplearon el material para ellos sagrado (no olvidemos que contaba con un elevado porcentaje de níquel, casi un 10 por…