Noticias #eXplora <a href="
https://static1.abc.es/media/ciencia/2020/10/13/vela-kCGE--620x349@abc.jpg">Media</a>Puede que muchos no se den cuenta de ello, pero estamos inmersos en una nueva carrera espacial. Con la vista ya puesta en regresar a la Luna (2024), visitar Marte (2030) y explorar asteroides como futuras fuentes de recursos para la Humanidad, la próxima década estará repleta de misiones e iniciativas destinadas a "expandir" los dominios del ser humano más allá del planeta que nos vio nacer. Por eso, las distintas agencias espaciales desarrollan ya nuevos sistemas de propulsión más rápidos, con los que se pretende viajar más deprisa por todo el Sistema Solar y, en el futuro, cumplir el sueño de llegar a otras estrellas en una cantidad de tiempo razonable. Entre esos sistemas destacan, hoy por hoy, las velas solares, capaces de generar impulso por la simple presión de la radiación espacial, pero que pueden también ser aceleradas por medio de potentes láseres. Resulta curioso, desde luego, que los primeros pasos de la navegación espacial se basen en una tecnología que en cierto modo, y salvando las distancias, se asemeja tanto a la que hace siglos nos permitió cruzar mares y océanos, antes de que existieran los motores. Las velas solares, por supuesto, suponen todo un desafío, tanto técnico como de ingeniería. Algo que Coryn Bailer-Jones, del Instituto Max Planck de Astronomía, acaba de abordar en un estudio en el que presenta su «Sun Diver», una vela ligera que alcanzará velocidades increíbles tras «bucear», de ahí su nombre, cerca del Sol. El estudio, que acaba de aparecer en el American Journal of Physics y que se puede consultar en el servidor de prepublicaciones ArXiv, señala que uno de los mayores atractivos de las velas solares es que liberan a las naves espaciales de la necesidad de tener que llevar su propio propulsor. Las naves, pues, serán más ligeras y podrán por lo tanto alcanzar mayores velocidades. Un arsenal de velas espaciales Hasta ahora, se han desarrollado y probado ya varios modelos de velas ligeras, entre ellas la LightSail y la LightSail 2, de la Planetary Society, o el satélite IKAROS, de la agencia espacial japonesa JAXA. Además, distintas organizaciones, como Breakthrough Starshot, Project Dragonfly y Starlight, de la NASA, exploran seriamente la idea de velas ligeras aceleradas por matrices láser como un medio para hacer posibles los viajes interestelares. En ambos casos, tal y como Bailor-Jones ha explicado a Universe Today, «para la exploración del Sistema Solar, las velas solares permiten realizar muchas maniobras diferentes, o entrar en órbitas que de otro modo requerirían de mucha propulsión. Para viajes interestelares, podríamos usar una vela solar para ¨bucear¨ lo más cerca posible del Sol y obtener de él la máxima aceleración». El sistema tiene varias ventajas sobre el las velas solares existentes, que dependen por completo de la presión que ejerce la radiación solar para ir acelerando lenta, pero constantemente. Sin embargo, la aceleración obtenida del Sol de esta manera es cada vez menor a medida que aumenta la distancia, por lo que el sistema no serviría para hacer viajes demasiado largos. Harían falta, además, velas extremadamente ligeras o extremadamente grandes. El problema de impulsar las velas Una forma de solucionar el problema es el uso de potentes haces de luz láser para acelerar rápidamente la vela. En eso, precisamente, se basan los proyectos Starshot, Dragonfly y Starlight, aunque las instalaciones necesarias serían muy costosas de construir y de operar. La solución propuesta por Bailor-Jones, sin embargo, evitaría todos estos problemas. De hecho, el impulso se obtendría aprovechándose del conocido «efecto Oberth». En resumen, se trata de obtener el impulso al moverse más rápido en relación al cuerpo que se está orbitando, que en el caso de la Sun Diver sería el Sol. "Cuanto más cerca esté del Sol en su órbita -explica Bailor-Jones- más rápido será el impulso. Para aprovechar…