Así funciona tu reloj biológico
Una mañana cualquiera, entre las ocho y las nueve, <strong>un río de personas se dirige al autobús, el metro o el tren para ir a trabajar.</strong> Un conductor de estos medios de transporte ya lleva horas despierto. Probablemente se ha levantado aún de noche, hacia las cuatro de la madrugada, para entrar a trabajar a las cinco, cuando sale el primer tren. Si es fin de semana, puede ser que coincida con otro tipo de fauna urbana: trasnochadores que vuelven de fiesta y se van a dormir cuando todo el mundo se levanta. Incluso podemos imaginar en el mismo vagón de tren a una enfermera que trabaja en turno de noche.
Y a un vigilante nocturno. Y a una madre que ha tenido que dar el pecho a su bebé durante la noche. Todos los ocupantes de este vagón imaginario viven de espaldas a su <strong>reloj biológico, un dispositivo interno que todos los seres vivos tenemos</strong> y que marca los ritmos vitales.En los humanos –y en muchas especies– la evolución hizo que nuestros relojes se pusiesen en hora hace miles de años, en estrecha relación con el entorno natural en el que nos había tocado vivir y con los ciclos que lo regían. Al salir el sol, empezaba la jornada. Cuando oscurecía, acababa, y ya no había más que hacer que dormir. Había que aprovechar las mejores horas del día para alimentarse, y las mejores estaciones del año para reproducirse. Así, nuestros relojes <strong>se sincronizaron con los ritmos de la propia Naturaleza</strong>. Hoy, la mayoría de la población vive en entornos urbanos, y nuestros hábitos son muy distintos a los de nuestros antepasados. Sin embargo, esos ritmos han quedado impresos en nuestra fisiología, incluso en nuestro ADN.<strong>El cuerpo marca las horas</strong>Así pues ¿existe un desajuste entre nuestros hábitos y nuestros relojes biológicos? Cada vez son más los estudios que muestran que así es, y que <strong>vivir contra reloj implica que nuestra salud pague un elevado precio.</strong>Los relojes biológicos organizan las funciones del organismo de un modo cíclico, con <strong>ritmos circadianos</strong>. Si nuestro cuerpo fuese una casa encontraríamos en cada una de sus habitaciones un reloj marcando la hora. Si cada una de estas estancias representase a un órgano y la decoración sus diferentes tejidos, encontraríamos en cada mueble o electrodoméstico pequeños relojes. Todos ellos deberían estar sincronizados, es decir, deberían marcar exactamente la misma hora. Cuando no es así es cuando surgen los problemas de salud.El más claro de los ciclos circadianos es el de sueño-vigilia. También hay ciclos ultradianos (que van de segundos a minutos) y ciclos infradianos (por ejemplo mensuales, como la menstruación o la renovación de la piel). Todos ellos <strong>están regidos por un reloj principal que está en nuestro cerebro</strong>, el núcleo supraquismático (NSQ), unas 20.000 neuronas que se encuentran en el hipotálamo, capaz de gobernar una gran variedad de ritmos como los ciclos hormonales, la fuerza muscular o la temperatura central. Existen también relojes periféricos que forman parte de cada tejido, incluso de cada célula.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2020/10/12/cambiar-el-horario-del-sueno-desincroniza-la-produccion-de-cortisol-y-puede-aumentar-a-deshoras-su-exceso-puede-llegar-a-provocar-desgaste-muscular-inmunodepresion-e-incluso-muerte-neuronal_ba9fe091_800x533.jpg">Cambiar el horario del sueño desincroniza la producción de cortisol y puede aumentar a deshoras. Su exceso puede llegar a provocar desgaste muscular, inmunodepresión e incluso muerte neuronal.<strong>Digerir de día, dormir de noche</strong>Estamos diseñados para dormir de noche y estar activos de día. Si se altera el ritmo del sueño, se produce un <strong>efecto dominó</strong> sobre el resto de ritmos biológicos. Por ejemplo, el cortisol, la hormona que prepara el organismo para hacer frente a la actividad, presenta su pico más alto un poco antes de levantarnos, lo que dispone nuestro cuerpo para empezar el día con energía…