Noticias eXplora: La 'Inteligencia Planetaria' es real A principios de la década de los años 70 del siglo pasado, el científico ambientalista James Lovelock y la bióloga evolutiva Lynn Margulis desarrollaron la llamada hipótesis Gaia. De forma muy resumida, esta teoría proponía que, a medida que las formas de vida evolucionaban en la Tierra, éstas afectaban a la evolución del sistema planetario en su conjunto. Es decir: la vida, de forma global, se comportaría como un sistema capaz de autorregular sus condiciones esenciales, y por tanto tendería al equilibrio. La hipótesis de Lovelock y Margullis gozó de una notable popularidad, especialmente entre ciertos círculos New Age –que la interpretaron erróneamente como una evidencia de que nuestro planeta era un ser vivo en sí mismo, con conciencia propia–, circunstancia que le granjeó no pocas críticas en buena parte de la comunidad científica. Según un nuevo estudio, los planetas podrían ser capaces de desarrollar una inteligencia asociada a una interconexión de la vida que los habita Ahora, un grupo de científicos estadounidenses –un astrofísico y dos astrobiólogos– ha propuesto una 'versión actualizada' de esta hipótesis, al proponer en un estudio recientemente publicado en el International Journal of Astrobiology que los planetas podrían ser capaces de desarrollar inteligencia. Según Adam Frank –líder del estudio– y sus colegas Sara Walker y David Grinspoon, los planetas podrían ser capaces de desarrollar una inteligencia asociada a una interconexión de la vida que los habita. Tal y como explicaron de manera más popular en un artículo para la prestigiosa publicación The Atlantic, un planeta podría considerarse inteligente si demuestra cognición, que según se planteamiento sería la capacidad de saber algo sobre lo que está sucediendo y actuar según ese conocimiento. "Para que quede claro, la cognición no es conciencia", se apresuraron a aclarar los autores del estudio, en un intento por dejar claro que su hipótesis no propone la existencia de una 'entidad planetaria' con conciencia propia. Para entenderlo mejor, su propuesta sería similar a lo que sucede con algunos ejemplos de inteligencia colectiva en el mundo natural, como el de las abejas. En el caso de las colonias de insectos sociales, éstos muestran una inteligencia colectiva que, a menudo, es superior a la de los individuos que las forman. De este modo, una abeja que forma parte de una colmena posee tan solo una pequeña porción de información sobre el entorno que le rodea, pero la colonia completa tiene un conocimiento mucho mayor del medio en el que se encuentra, y responde de forma coherente al respecto. Otro tanto sucede en el caso de las redes fúngicas o micorrícicas, una especie de "puentes" que conectan árboles de la misma o diferentes especies dentro de un ecosistema, de tal forma que pueden compartir entre ellos agua y otros nutrientes que necesitan para sobrevivir. ¿Si un planeta con vida tiene vida propia, ¿también puede tener una mente propia? Así pues, en la propuesta de Frank y sus colegas, los planetas podrían desarrollar un tipo de inteligencia similar, una 'cognición' que surgiría en algún momento de forma natural entre la vida y los planetas en la que se desarrolla. "La biosfera nos dice que una vez que la vida aparece en un mundo, ese mundo puede tomar vida propia. Pero si un planeta con vida tiene vida propia, ¿también puede tener una mente propia?", se preguntan los investigadores en el artículo publicado en The Atlantic. Siguiendo este planteamiento, estos científicos han propuesto una diferenciación de cuatro etapas de inteligencia planetaria: biosfera inmadura, biosfera madura, tecnosfera inmadura y tecnosfera madura. La primera de estas fases correspondería al momento en que la vida surgió por primera vez en la Tierra; la segunda, cuando surgieron formas de vidas avanzadas; la tecnosfera inmadura, por su parte, sería el momento en el que los humanos comenzaron a desarrollar tecnología, transformando y alterando el planeta. Finalmente, la última…