Noticias eXplora: San Pedro Manrique: caminar sobre fuego… y no quemarse Como cada noche de San Juan, en San Pedro Manrique –pequeña localidad situada en la comarca de Tierras Altas, al norte de la provincia de Soria y cuyo censo no cuenta más de setecientos habitantes–, tendrá lugar un rito extraño. Con paso firme, un grupo de sampedranos cruzará un lecho de ascuas. Lo hará conteniendo la respiración y clavando sus pies entre los carbones incandescentes. Algunos lo hacen cargando a horcajadas a un niño, a su pareja o a un familiar adulto, probablemente respondiendo a una "promesa" o ruego a la Virgen (o a San Juan Bautista). La marcha dura escasamente cinco segundos, que es lo que se tarda en dar las cuatro o seis zancadas que conducen hasta fuera de la orilla de lengüetas llameantes. Luego, tras recibir los abrazos de sus más allegados, muestran con orgullo las plantas de los pies, tiznadas, eso sí, de carbón, pero absolutamente indemnes de quemaduras. Una mujer cruza las brasas sin quemarse (Foto: Toni Granada) FORASTEROS Y SACERDOTES NO CRUZAN LAS BRASAS Durante trescientos sesenta y cuatro días al año, no merece esta villa más atención hasta que llega el solsticio de verano. Es entonces cuando televisiones de todo el mundo centran sus focos en los sampedranos y su capacidad para cruzar una incandescente alfombra de brasas de fuego… ¡sin quemarse! Quiere la tradición atribuir su incombustibilidad a una virtud que sólo tienen los nacidos o residentes en esta villa, a los que concedería su protección la Virgen de la Peña. Argumento que se antoja difícil si se acepta la versión que retrotrae este rito a épocas celtiberas… cuando no existía advocación a Virgen alguna. De hecho, han sido varios los religiosos que, señalando el carácter pagano de esta fiesta, han desafiado el ígneo manto de ascuas. Refiere el cronista de Soria, Ruiz Vega, la anécdota sobre un cura "de los de antes de la guerra" que, pretendiendo demostrar a sus feligreses que no había prodigio del que admirarse, sino simple artimaña en la forma de caminar, desafió los carbones incandescentes. La mala fortuna quiso que tuviera que ser asistido en el dispensario por quemaduras de tercer grado en las plantas de los pies. Una versión interpreta esta práctica como un simulacro de las antiguas ordalías o 'juicio de Dios' del Medievo, con el que la Inquisición ponía a prueba la inocencia del reo ORÍGENES PARA UN RITO ANCESTRAL Los antropólogos todavía no se ponen de acuerdo en los orígenes de esta fiesta que parece ser única, no sólo en España, sino casi también en toda Europa. Hay quienes le adjudican un origen reciente, pues las fuentes escritas no se remontan más allá de un siglo. Al tradicional rito, que se celebra en tantas localidades, de saltar las hogueras de San Juan, es probable que el paso del tiempo añadiera ese elemento dramático de cruzar las ascuas con los pies descalzos. Otra versión interpreta esta práctica como un simulacro de las antiguas ordalías o "juicio de Dios" del Medievo, con el que la Inquisición ponía a prueba la inocencia del reo haciéndole cruzar la alfombra incandescente. Retrocediendo aún más en el tiempo, hay quienes sitúan su origen en épocas anteriores a la llegada del cristianismo. En los festejos que se desplegaban durante la Parilia o fiestas pariles, celebradas cada 21 de abril, se hacían encender tres hogueras que eran saltadas o atravesadas por un sacerdote o los mismos ganaderos en rogativa que dispensara protección a sus rebaños. Mientras, los campesinos ofrendaban canastos de pan a la diosa Ceres (Deméter en su versión griega), de las cosechas y la fecundidad. La Parapsicología etiqueta la capacidad manifiesta de andar sobre brasas encendidas sin quemarse Antes de que comience el ritual, los vecinos danzan en corro alrededor de las brasas (Foto: Toni Granada) Sin respaldo académico es la versión más popular –tal vez porque retrotrae esta festividad a tiempos todavía más remotos– la que sugiere que se trata de ritos de culto solar practicados por los celtíberos hace unos…