Día 12. El gallinero antártico

Si me lo hubieran dicho antes de venir, jamás lo hubiera creído, pero resulta <strong>sorprendentemente fácil acostumbrarse a viajar en barco</strong>. Una vez superadas la náuseas iniciales del mareo y hecho al ocasional <strong>vaivén de las olas</strong>, es como vivir en una casa que flota y se mueve sobre el mar. Con la salvedad, eso sí, de que pasada la noche puedes despertarte habiendo recorrido <strong>unos 180 kilómetros en cualquier dirección</strong>.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/11/mapa-de-situacion-de-la-expedicion-a-la-antartida_bac2cb57_800x526.jpg">Mapa de situación de la expedición a la Antártida.</a>Esa es más o menos la distancia a la que nos despertamos esta mañana de nuestra anterior ubicación. Nos encontrábamos a hora y media del punto <strong>donde realizaríamos la siguiente inmersión, el archipiélago Joinville</strong>. Concretamente en el brazo de mar que separa la más grande de sus islas, de la que recibe el nombre, y la más pequeña de las 3 que la componen, la isla Dundee.El día pasó muy rápido desde primera hora de la mañana, y en el tiempo que tardamos levantarnos, <strong>desayunar y realizar las tareas que cada uno tenía asignadas para hoy</strong>, ya estaba de nuevo todo preparado para que el submarino entrara en el agua.Esta vez la inmersión tuvo lugar en un escenario de <strong>pronunciadas pendientes y paredes completamente verticales</strong> que cambiaban de forma abrupta de ángulo y dirección, lo que hacía extremadamente delicadas las maniobras con el submarino. Se trataba de una mezcla de <strong>roca y sedimentos blandos</strong> vista con muy poca frecuencia en la que abundaban <strong>esponjas, corales, anémonas y estrellas de plumas</strong>.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/11/las-embarcaciones-de-apoyo-lucen-anecdoticas-junto-a-la-inmensidad-de-los-grandes-icebergs_4bb09af5_800x533.jpg">Las embarcaciones de apoyo lucen anecdóticas junto a la inmensidad de los grandes icebergs.</a><a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/11/tempanos-de-hielo-de-entre-20-y-50-centimetros-rodean-nuestra-embarcacion_0db8b717_800x533.jpg">Témpanos de hielo de entre 20 y 50 centímetros rodean nuestra embarcación.</a><a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/11/uno-de-los-componentes-de-la-tripulacion-ajusta-los-anclajes-para-la-recogida-del-submarino-tras-la-exploracion-de-los-fondos-oceanicos_57c1d235_800x533.jpg">Uno de los componentes de la tripulación ajusta los anclajes para la recogida del submarino tras la exploración de los fondos oceánicos.</a>John nos contaba a su regreso que, cuando se trata de la biodiversidad y el colorido del fondo del mar, solía creer que nada se podía comparar con la explosión de vida que tiene lugar <strong>en los arrecifes tropicales sanos</strong>, donde estos pueden llegar a cubrir hasta el 40% del lecho marino y en donde animales y plantas compiten por cada palmo de terreno. Donde no existe tal cosa como una roca desnuda, al menos una que alguna criatura se haya comido o haya desalojado poco antes.Y es que hoy <strong>en las oscuras y frías aguas de la Antártida</strong> habían descubierto algo similar. Durante gran parte de la inmersión, parecía que <strong>los seres vivos cubrían el 90 % de la superficie</strong> disponible. Las especies eran diferentes, por supuesto, pero al igual que en un arrecife tropical, había <strong>muy poco sustrato estéril</strong>.Parecía pues, que todo había ido de maravilla y aún le ganábamos un par de horas al reloj, por lo que tuvimos de nuevo la oportunidad de <strong>salir a explorar los alrededores a bordo de los botes</strong> de la nave. En esta ocasión el paisaje era muy diferente a cualquiera de los que hayamos visto en nuestro viaje. Refugiados del fuerte viento y oleaje entre las dos islas, nos encontrábamos <strong>rodeados casi por completo de tierra</strong>. Y donde esta estaba ausente, los numerosos glaciares que flotaban cerrando el espacio…

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