Noticias eXplora: San Juan de la Peña: la tentación del diablo El monasterio rupestre de San Juan de la Peña está situado en la provincia de Huesca, en la comarca de La Jacetania (A Chacetania en aragonés), cuna de la corona de Aragón. Este impresionante cenobio, panteón real y lugar de reposo de muchos nobles de esta tierra, albergó durante largo tiempo el controvertido y escurridizo Santo Grial, mandado traer por San Lorenzo, por entonces obispo en Roma, en un afán de colocar a este objeto sagrado fuera del alcance de manos impías y por temor a que cayera en manos sarracenas. Fue parada obligatoria para los peregrinos de lo que hoy es el Camino de Santiago Los inicios de este cenobio se sitúan, según referencias escritas, sobre el año 720, cuando un reducido grupo de ermitaños se afincan en la gruta donde se encuentra ubicado a día de hoy el monasterio "viejo", creando un foco de vida eremítica que duró hasta el siglo XIV. Este emblemático lugar fue parada obligatoria para los peregrinos de lo que hoy es el Camino de Santiago y posiblemente también lo fue antes incluso de la era cristiana, cuando el itinerario era recorrido por iniciados en un saber ancestral vinculado a la madre tierra. San Juan de la Peña (Fuente: Wikimedia Commons) En la segunda mitad del siglo XII se inicia la decadencia de este mágico rincón, pero fue en el siglo XIV cuando se pone fin a las donaciones que sustentaban este lugar. Además, y como agravante, se inician múltiples pleitos con distintos obispados donde se hallaban ubicadas sus propiedades, (Jaca, Pamplona y Zaragoza) acrecentando aún más las deudas del monasterio. En todo caso, el fin de la vida monacal fue a causa de los múltiples incendios acaecidos en el monasterio, el último de ellos en el 1675, que destruyó en gran parte el edificio, por lo que se decidió abandonar esta ubicación y crear otro nuevo en la parte superior de la roca que albergaba el viejo. LUCIFER TIENTA AL NOBLE Juan de Atarés, un influyente noble aragonés nacido en la cercana población de Atarés, decide un día renunciar a sus lujos y, vistiéndose con humilde hábito, se interna en el bosque para refugiarse en una cueva situada en las faldas del monte Pano y cercana a su población natal. Allí, este santo varón pasaba los días orando en austera vida eremítica, viviendo de los frutos que la madre naturaleza le ofrecía. En una ocasión estaba orando, cuando escucha pasos en el exterior de la cueva donde vivía. Juan sale al exterior para ver de quién se trataba y comprobó que fuera estaba esperándole un caballero ricamente vestido y sonriente, que le dice: "¿Qué haces vestido con telas de saco? Tu lugar está entre las finas sedas, como corresponde a tu nivel de nobleza. Ven, te mostraré el destino que te aguarda". Mira de lo que soy capaz, reniega de tu fe y todo cuanto quieras será tuyo El extraño caballero, que no era otro que el mismísimo Lucifer, rodeó con su brazo los hombros del encorvado ermitaño e hizo un simple gesto con su otra mano. Tras un fuerte estruendo, las rocas de las laderas de la montaña empezaron a juntarse solas como por arte de magia, formando columnas, arcos y bóvedas, de tal manera que en poco tiempo tuvo ante él un majestuoso palacio. Juan, que ya se había percatado de quién era el desconocido, se apartó de él mirándolo asustado. El diablo le comenta: "Mira de lo que soy capaz, reniega de tu fe y todo cuanto quieras será tuyo". El ermitaño se hinca de rodillas y empieza a rezar lleno de temor por cuanto había contemplado y, perdiendo el sentido, cayó al suelo. Cuando volvió en sí, vio que se encontraba ante él un ser angelical que le ayudó a levantarse y le hizo contemplar la obra del maligno y levantando su brazo hizo que toda su obra fuera engullida por el suelo, donde se abrió una gran sima. Verás una gran cueva, en la que por voluntad de Dios levantarás un altar en honor a San Juan Bautista Finalmente, el ángel se dirigió a Juan de Atarés diciéndole: "Mira lo que queda de la manifestación del enemigo de Dios que vino a tentarte. Ve y desciende…