Los desconocidos corales de Maldivas

Para el ictiólogo brasileño Luiz Rocha, miembro de la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Academia_de_Ciencias_de_California">Academia de Ciencias de California, el medio marino es algo así como su segundo hogar. Su fascinación por los peces lo llevó a montar sus primeros acuarios en casa cuando apenas tenía cinco años. «Recuerdo que al salir de la escuela paraba en las tiendas de acuarios y me pasaba horas observando a los peces, para desesperación de mi madre», explica, riendo. En la escuela secundaria consiguió tener acuarios inmensos en los que metía los ejemplares que capturaba cuando buceaba en los arrecifes cercanos a la costa, en João Pessoa, su localidad natal, en el estado de Paraíba. Gran admirador de Jacques Cousteau, Rocha devoraba toda la información que tenía a su alcance sobre peces. Sin embargo, confiesa que no fue un alumno demasiado brillante: todo lo que no fueran peces le interesaba más bien poco. Pero lo cierto es que tras estudiar biología en la Universidad Federal de Paraíbo, se doctoró en ciencias acuáticas y pesqueras en la Universidad de Florida, y cursó sendos posgrados en el Instituto de Investigaciones Tropicales de la Smithsonian Institution y en la Universidad de Hawai.En 2013 puso en marcha un plan de conservación destinado a detener la expansión de una especie invasora extremadamente dañina, el pez león (Pterois miles), que él y sus colaboradores habían detectado en Belice, donde estaba poniendo en jaque a un lábrido muy importante en la cadena trófica, Halichoeres socialis. En su hábitat natural del Pacífico Sur y el Índico, el pez león forma parte de un ecosistema en equilibrio, pero fuera de él su comportamiento depredador causa estragos entre la fauna autóctona. Hoy ya se ha asentado en el sudeste de Estados Unidos, el mar Caribe, la costa de Brasil y también en el Mediterráneo. Su voraz apetito –tiene un estómago que puede expandirse hasta 30 veces su tamaño– y su asombrosa capacidad para reproducirse –puede desovar cada dos o tres días durante todo el año– han convertido al pez león en una de las especies invasoras más destructoras del mundo. Y en esas nuevas aguas de las que se está apoderando carece de enemigos naturales. El único animal capaz de delimitar el imperio de esta vistosa criatura –de su cuerpo sobresalen numerosas y afiladas espinas repletas de veneno– es el ser humano, y por este motivo Rocha trabaja para controlar su proliferación. «El problema se originó probablemente tras la suelta accidental de individuos, causada por los efectos del huracán Andrew, desde un acuario en Florida a mediados de la década de 1990. Aunque durante los primeros cinco o seis años los ejemplares liberados y sus descendientes permanecieron restringidos a Florida y Carolina del Sur, cuando alcanzaron las Bahamas la especie se expandió descontroladamente por todo el Caribe», explica.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/10/17/experto-en-aguas-profundas_cd68df3a_800x533.jpg">Luiz Rocha ha pasado miles de horas buceando en aguas profundas, lo que requiere una gran especializaci&amp;oacute;n. Descender a una profundidad de entre 100 y 150 metros requiere 10 o 15 minutos, pero el ascenso dura hasta cinco horas. Es el tiempo necesario para hacer la descompresi&amp;oacute;n, esencial para que el nitr&amp;oacute;geno que est&amp;aacute; mezclado con el ox&amp;iacute;geno en las botellas de aire comprimido no forme burbujas, que en el organismo pueden ser mortales. En paralelo, Rocha inició un proyecto para conocer los fondos marinos de las islas Maldivas, donde, a unos 150 metros de profundidad, en la zona mesopelágica (como se denomina a la franja situada entre los 100 y 200 metros de profundidad), existen maravillosos corales y especies asociadas aún por explorar. «En este reino crepuscular prospera una vida desconocida. Estos inmensos bosques actúan como viveros y fuente de alimento para una multitud de peces ignotos y otras criaturas marinas de las que apenas sabemos nada», afirma Rocha.…

Comments

Be the first to add a comment