Día 12 y uno más. Operaciones submarinas
Hoy se cumplía el día <strong>“12 y uno más”, desde nuestra partida</strong>. “12 y uno más” es la forma en la que los pescadores gaditanos se refieren a <strong>la decimotercera anilla que lanzan al agua</strong> cuando, mediante la llamada técnica del cerco con jareta, calan el arte en sus traíñas para la pesca del boquerón o la sardina.Y es que un barco siempre ha sido un lugar regido por sus particulares reglas y tradiciones, pero también <strong>rodeado por las creencias y supersticiones</strong> de sus tripulantes, entre las cuales una de las más conocidas hace referencia <strong>al número 13</strong>.Por ejemplo, cuentan las historias que cuando se contrataba antiguamente a <strong>la tripulación de un barco</strong>, si se rondaba la cifra del mal fario, se hacía porque esta <strong>fuera bien de 12 o de 14 tripulantes, pero nunca de 13</strong>. Lo mismo sucede en el caso de las embarcaciones con un gran número de cubiertas, en las cuales, al igual que ocurre con algunos edificios, se omite el número prohibido a la hora de enumerarlas.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/11/vista-interior-del-anteriormente-mencionado-carajo-puesto-mas-elevado-del-arctic-sunrise-con-35-metros-de-altura_ca48fb44_800x533.jpg">Vista interior del anteriormente mencionado carajo, puesto más elevado del Arctic Sunrise con 35 metros de altura.</a>El caso es que, dada la circunstancia y hablando del tema en cuestión, hoy le preguntábamos a nuestros compañeros sobre si albergaban <strong>alguna superstición respecto al hecho de sumergirse a profundidades de más de 500 metros</strong> en un submarino que, a pesar de la tecnología que esconde, parece casi de juguete.La respuesta, como era de esperar, fue negativa. En cambio, lo que nos explicaron fue algo que llevábamos algunos días cuestionándonos y por lo que tú, querido lector, quizá también se te hayas preguntado, y es: <strong>¿Qué pasaría en el caso de que algo saliera mal ahí abajo?</strong> La contestación tuvo poco de superstición y bastante de ingenio.Para empezar, el submarino está <strong>diseñado para operar con flotabilidad neutra</strong>. Esto quiere decir que su peso está equilibrado de forma que una vez en el agua, ni flota ni se hunde a menos que sea la voluntad del piloto. Gracias a ello, en el caso de sufrir una avería en el fondo del mar, la primera medida a tomar sería <strong>la liberación de una pieza de plomo</strong> situada en la base del submarino; suficiente para alterar el equilibrio inicial y ascender hasta la superficie en base a las meras leyes de la física.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/11/maniobras-en-el-inicio-de-la-inmersion_6ad3144e_800x533.jpg">Maniobras en el inicio de la inmersión.</a>En caso de que esto no funcionara, <strong>existe un plan b</strong>, consistente en llenar de aire unos compartimentos auxiliares, y por tanto volviendo a <strong>incrementar la flotabilidad del submarino</strong>. Todo parecía bastante bien atado según nos contaban Jared y los dos Jeffs. Sin embargo, aún de resultar insuficientes las medidas, el submarino podría también desprenderse de sus grandes baterías (una de las piezas más pesadas del mismo) y activar una auxiliar y más pequeña destinada a estas situaciones.Pero… ¿qué pasaría si nada de esto funcionara? Nos seguíamos preguntando. En ese caso, el submarino posee <strong>la capacidad de ofrecer soporte vital (oxígeno, agua e incluso comida desecada) durante 80 horas</strong>. Es decir, las 8 que puede llegar a durar una operación, más otras 72, que son las calculadas para que un UAV o lo que es lo mismo, un submarino no tripulado y especializado en las labores de rescate, <strong>pudiera acudir desde cualquier parte del mundo para remolcar</strong> y socorrer a piloto y acompañante.Escribo esto, querido lector, casi al mismo tiempo que comparto con Roberto la información, quien dentro de dos días con suerte <strong>quizá se aventure en una de las últimas inmersiones al…