Antes era sencillo: dinero en efectivo en la mano, unas monedas tintineando en el bolsillo y el mundo funcionaba con ello.

Las tarjetas de crédito eran raras, una novedad para los ricos o los valientes.

¿Tarjetas de débito?

No existían.

Querías un café y lo pagabas. Ningún intermediario se llevaba una tajada del pastel, ninguna comisión se quitaba por el privilegio de pagar. Así funcionaba el mundo: directo, honesto, sin sanguijuelas con traje que se quedaban con su tajada.

Pero luego llegó el avance lento, la invasión del plástico. Las tarjetas de crédito, luego las tarjetas de débito, luego el dominio silencioso de las redes (Visa, MasterCard), esos guardianes invisibles que no preparan tu café pero que exigen su parte por dejar que el dinero fluya. El mundo se doblegó a su voluntad y lo que antes era una transacción sencilla se convirtió en una burocracia estratificada de porcentajes y permisos.

Esa es la lucha.

La verdadera. Bitcoin no se trata solo de dinero digital; Se trata de devolver al mundo algo puro. Una transacción tan simple y directa como entregar un billete arrugado, pero sin el peso de una billetera física. Es más que Internet. Es el rechazo a un monopolio que pretende ser una necesidad. Es la chispa de la competencia por los pagos en un mundo donde todo está diseñado para desangrarte.

Imagínatelo: entras en una cafetería, pides un café y pagas al instante.

Sin tarjeta, sin red, sin nadie que te quite una parte porque te atreviste a comprar un café con leche. Esa es la lucha. No contra el plástico, ni contra los bancos, sino contra la idea de que alguien más merece una parte cada vez que vives tu vida.

Es la lucha por la franqueza, por la honestidad, por un sistema que no pide permiso para existir.

S. Tominaga también conocido como CSW
9 de enero de 2025
https://x.com/CsTominaga/status/1877369718170075531?t=Kyu7f-gXNRbjJ0N8VY6oJA&s=19

https://t.me/S_Tominaga/2469

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