La fama le llegó con solo diez años. Desde entonces, Melody ha demostrado ser mucho más que aquella pizpireta niña que nos hizo movernos como si no hubiese un mañana con El baile del gorila. Ahora, recién estrenada la treintena, regresa al panorama musical con Las cosas del amor, una rumba latina cargada de energía y sensualidad.<strong>¿El amor es lo que más falta hace en estos tiempos tan difíciles?</strong> Ahora, con todo esto que estamos viviendo, es muy importante la unión y el amor. El amor no a una pareja, sino a la vida, al respeto a la naturaleza...Yo pongo mi granito de arena a través de la música. Esta es una canción que lo mismo puedes bailarla que escucharla tomándote algo tranquilamente. Yo digo que con ella los viajes se hacen más amenos, si tienes son cinco horas de viaje, parecerán que son dos [risas]. Es un tema espectacular, que conecta con el público y el baile y, a la vez, es romántica.<strong>Deja a un lado esa faceta folclórica en la que tan cómoda se le ve. ¿Nunca pensó en llevar su carrera por ahí?</strong> Yo tengo un punto folclore y a mí me encanta. Estoy sumamente orgullosa de ser española, llevo a mi tierra por todo el mundo. España tiene unas raíces y una riqueza maravillosa. Tengo la suerte de tener dentro de mí ese punto español que a mí me encanta. Por supuesto, lo fusiono con diferentes estilos. Estoy muy a gusto con lo que canto, siempre dándole mi sello personal.<strong>¿Melody es sinónimo de fiesta y alegría?</strong> Por supuesto. Yo creo que mi nombre ya suena alegre, ¿verdad? Es sinónimo de alegría. Pero mi personalidad también es así. Me gusta despertar sentimientos a la gente y uno de ellos es la alegría. Algunas veces también me pongo dramática, porque sí es verdad que la vida tiene un punto de drama.<strong>Y hace gana de su sensualidad...</strong> Eso es algo innato en mí, sale solo. La sensualidad es algo muy bonito y que forma parte de la mujer, sale de forma natural.<strong>Acaba de entrar en la treintena. ¿Ha habido crisis?</strong> No, porque como este año no vale yo no he pasado al 30, me quedo en el 29 [risas].<strong>¿Qué balance hace de estas dos décadas en la música?</strong> Me siento muy feliz con todo lo que he vivido y he hecho, aunque creo que quedan muchas más por hacer y por aprender. Creo que lo que he logrado hasta ahora tiene mucho merito. Es una profesión muy dura y en la que hay que hacer muchos sacrificios, por lo que estoy muy orgullosa de todo lo logrado hasta ahora. Siempre con el cariño del público y de los medios, nunca he caminado sola. No me quejo.<strong>Mirando al futuro, ¿cuál es su objetivo?</strong> Quiero seguir en el mundo del arte, que la gente cada vez me conozca más, porque hay mucha que no me conoce y que me perdió la pista, pero que, poco a poco, está volviendo o se está uniendo a mi proyecto. Mi meta es seguir siendo feliz con la música y seguir haciendo feliz a los demás.<strong>¿Cómo se mantiene una en la música 20 años?</strong> Trabajando y reinventándose. Poniéndole corazón a todo. Yo empecé con diez años, y la mía es una carrera completamente distinta a la de otro artista que empieza, por ejemplo, con treinta, que ya no experimenta los cambios lógicos que conlleva la edad.<strong>¿Qué queda de aquella niña?</strong> La alegría, las ganas... Muchas cosas. Una nunca tiene que perder la niña que lleva dentro y, aunque no está muy lejos, es algo que no quiero perder.<strong>¿El baile del gorila le va a perseguir toda la vida?</strong> Sí, y me encanta. Me siento muy orgullosa. Mi primer disco, De pata negra, fue un discazo, uno perfectamente pensado para una niña de diez años. Tuve la oportunidad de ser número uno en muchos países. Me trajo grandes bendiciones que, a día de hoy, sigo recibiendo. No hay mayor satisfacción para una artista que tener éxito con sus canciones y poderlas recordar toda la vida. Eso no me resta, me suma, porque he hecho feliz a mucha gente. Es una joya que tengo y que nunca voy a soltar y a la que estoy muy ag…