Eran cerca de las 23:00 y el mes de agosto llegaba a su fin en Las Herencias (Toledo) anunciando una tormenta de verano. Aunque los testigos no recuerdan la fecha concreta del extraño suceso, sí confirman que tuvo lugar en el año 1997, con septiembre asomando a la vuelta del calendario. Miriam y sus amigos habían pasado un buen rato en el parque de la localidad, situado a la orilla del río Tajo. El sol ya les había abandonado cuando una de sus amigas indicó que tenía sed y decidieron ir saciarla a casa de Miriam, muy cercana al propio parque. Ya en la cocina del domicilio, las tres amigas escucharon un trueno y subieron a la planta alta de la casa para ver por dónde se aproximaba la tormenta. En la planta alta se encuentra la habitación de Miriam. Ya allí, se dirigieron a la ventana de la habitación para asomarse y observar el cielo para identificar por dónde venía la tormenta. Tras pasar un rato hablando entre ellas y mirando por la ventana, una de las amigas de Miriam comenta "¿Habéis visto esa cosa que hay allí enfrente?". Al escuchar esto, las amigas volvieron a mirar de nuevo entre la persiana y la ventana, y lo que allí vieron las dejó heladas. Frente a la citada ventana hay una farola separada poco más de cinco metros, de la que sale un cable de la luz que va a otro poste situado más adelante. Sobre el cable y junto a la farola, las amigas identifican una figura allí parada. Es casi incorpórea, pero es una especie de humo lo que le proporciona forma, algo que recuerda a las apariciones fantasmales clásicas. Dibujo del lugar en el que observaron al extraño ser antes de ser atacadas por él (Foto: Josete Flores) Miriam se quedó perpleja, describe lo que observó como "un búho gigante con los ojos rojos, de un color negro más oscuro que la propia oscuridad". Aún así, pudo "distinguir perfectamente la silueta" y lo que ve atiende a un ser de extraña morfología cuyos ojos "estaban situados donde debería tener el cuello, si es que lo hubiese tenido". El ser era enorme; medía cerca de dos metros y se lanzó hacia nosotras Sin apartar la mirada de ese punto, se da cuenta de que el ser parece estar sobre el cable de teléfono, pero no apoyado, más bien como si estuviera levitando a pocos centímetros del cable. Su mente le dice que lo que está observando no es ningún animal conocido, además se fija en otro detalle que rompe sus barreras lógicas: el ser es enorme; calcula que mide unos dos metros. Lo que está viendo es tan terrorífico, que su mente racional intenta buscar automáticamente rasgos identificables de algo conocido para etiquetarlo como "normal". Le parece ver entonces unas alas pegadas al cuerpo, pero no lo puede confirmar al 100%. Es incapaz de hacerlo porque no puede dejar de mirar esos enormes ojos rojos, la tienen atrapada. Aquella figura las estaba mirando fijamente y, al ser conscientes de eso, el tiempo se detuvo: "fueron 20 o 30 segundos, pero parecieron cinco horas". Los característicos ojos rojos se hicieron aún más grandes y el ser se lanzó hacia ellas –"como en una película de Drácula cuando el vampiro con su capa se lanza a cámara", comentan- atravesando la persiana y la cortina. Miriam y sus amigas fueron golpeadas por una fuerza que las desplazó hacia atrás; una de ellas se cayó de espaldas en la cama que tenían justo detrás; la otra sintió como el ser la golpeó en el hombro izquierdo y Miriam pudo esquivarle. Una de ellas se cayó de espaldas en la cama; la otra sintió como el ser la golpeó en el hombro izquierdo y Miriam pudo esquivarle Estaban aterrorizadas, aquella figura tenía que ser algo físico, puesto que además del contacto en el cuerpo de una de ellas, habían visto moverse las cortinas cuando aquello atravesó la ventana, pero dentro de la habitación no había nada, se había desvanecido completamente sin dejar rastro. Presas del pánico comenzaron a gritar, sus amigos que aún estaban en la calle escucharon sus gritos y acudieron rápido a casa de Miriam en su auxilio. Al llegar arriba, los amigos se encontraron…

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