¿Habrá suficiente agua para un mundo superpoblado? Analizamos el futuro del agua en el planeta
La cantidad de humedad en el planeta Tierra no ha cambiado. El agua que bebían los dinosaurios hace millones de años es la misma que hoy cae en forma de lluvia. Pero, ¿habrá suficiente para un mundo mucho más poblado?En su casa del desierto de Nuevo México, Louise Pape se baña tres veces por semana, al estilo militar: <strong>se moja, cierra el grifo, se enjabona, se enjuaga y sale</strong>. Bebe del mismo vaso durante días antes de lavarlo, y guarda el agua de fregar los platos para regar las plantas y la de la ducha para echarla por el retrete. Mientras que la mayoría de los estadounidenses usa unos <strong>380 litros de agua al día</strong>, Pape consume 38.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/21/aguadulce01_9183e5ce_714x476.jpg">Un aguacero de verano alimenta el lago Tofte, en el norte del estado de Minnesota.</a>«Ahorro agua porque siento que el planeta se está muriendo, y no quiero contribuir a ello», dice. No hace falta ser una ecologista comprometida como Pape para darse cuenta de que <strong>los días del agua barata y abundante están llegando a su fin</strong>. Pero el planeta está muy lejos de morir de sed. «Antes o después resolveremos nuestros problemas con el agua –dice Peter Gleick, presidente de Pacific Institute, un centro independiente de investigación sobre el medio ambiente–. La clave está en evitar el mayor número posible de penurias y privaciones en nuestro camino hacia aquello que queremos alcanzar.»Soluciones frente a la falta de aguaSegún Gleick, tenemos dos modos de proceder. <strong>Las soluciones «duras»</strong> se centran en desarrollar nuevas formas de abastecernos de agua: construcción de presas colosales, acueductos y tuberías que transporten el agua a grandes distancias. Gleick prefiere las <strong>soluciones «blandas»</strong>, un enfoque más amplio que engloba medidas de ahorro y mayor eficiencia, infraestructuras de proximidad, protección de los ecosistemas acuáticos, gestión de las cuencas fluviales por encima de sus fronteras políticas o divisiones administrativas, y una economía inteligente.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/21/aguadulce02_32c72f66_714x480.jpg">Una colosal masa de agua desciende por las cataratas del Iguazú, en la frontera entre Brasil y Argentina.</a>Hasta mediados de los años ochenta, Albuquerque, a unos 100 kilómetros al sudoeste de la casa de Pape en Santa Fe, ni siquiera sospechaba que tendría que elegir entre alguno de los dos tipos de estrategia. Los hidrogeólogos creían que la ciudad se encontraba sobre una <strong>reserva subterránea de agua «del tamaño del lago Superior»</strong>, recuerda Katherine Yuhas, directora de conservación de la Compañía de Aguas de Albuquerque y Condado de Bernalillo. Pero entonces los estudios revelaron datos inesperados: el acuífero de Albuquerque <strong>no era ni la sombra de lo que se creía</strong> y se estaba vaciando a un ritmo mucho más acelerado de lo que podían llenarlo la lluvia y la fusión de la nieve de las montañas.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/21/aguadulce03_f67fe0a5_334x475.jpg">Durante una larga sequía que azotó Bangladesh en 1972, un campesino regaba sus plantas una a una.</a>Alarmadas, las autoridades municipales reaccionaron con rapidez. Revisaron la normativa sobre el uso del agua, pagaron cursos a los propietarios de las casas para que aprendieran a reducir el riego de los jardines, subvencionaron la instalación de sistemas de reducción de caudal y de riego por goteo e incentivaron la retirada de los céspedes. Hoy, Albuquerque es un <strong>ejemplo de ahorro gracias a las soluciones blandas</strong>. Un número cada vez mayor de vecinos canaliza el agua de lluvia hacia depósitos subterráneos y casi todos los hogares disponen de cisternas y rosetas de ducha de bajo consumo.El consumo doméstico por habitanteEsas medidas han reducido el consumo de agua por habitante para uso doméstico <strong>de…