Hay películas que retratan estados de ánimo y otras que los provocan. Las primeras suelen caer en el olvido. Al fin y al cabo, ¿para qué necesitamos algo que no nos conmueve si no es para entretenernos antes de pasar a otra cosa? Las segundas, sin embargo, trascidenden; nos tocan la fibra sensible y nos transforman por dentro. De ellas aprendemos a mirar la vida con otros ojos. A veces hasta consiguen que nos comprendamos un poco mejor. Forman parte de ese cine elevado, evocador y poderoso que tiene la función de capturar lo sublime a través de las imágenes. Tarkovsky, Bergman, Malick, Mizoguchi y Kurosawa fueron expertos en ello. <em>Nomadland</em> también pertenece a esa categoría.Chloé Zhao y <a href="
https://los40.com/tag/frances_mcdormand/a/">Frances McDormand</a> son las dos mujeres responsables de que esta película haya llegado tan lejos. La segunda necesitaba a alguien con la visión y la sensibilidad adecuadas para llevar la historia de estos nómadas estadounidenses a buen puerto. La primera llevaba bajo el brazo un currículum con películas enormes como <em>The Rider</em> y McDormand le presentó el proyecto para que ella lo dirigiera. El tándem ha funcionado a la perfección: McDormand está increíble como esa veterana mujer que vaga por los vastos y pedregosos desiertos de Nevada tratando de encontrarse consigo misma y con la Tierra al tiempo que busca trabajos temporales para sobrevivir. Mientras, Chloé Zhao imprime a la película un ritmo pausado que convierte <em>Nomadland</em> en un espectáculo contemplativo sobre el reencuentro del individuo con su entorno y la incertidumbre vital de quienes deciden ser libres en medio del caos.<em>Nomadland</em>, al igual que Jep Gambardella en <em>La gran belleza</em>, trata de encontrar en el entorno esos "inconstantes destellos de belleza" que nos hacen reconectar con el presente. Al principio podemos caer en el prejuicio de pensar que la película presenta a gente pobre, fracasada o apartada de la sociedad que, sin rumbo por la vida, vaga sin saber dónde caerse muerta tras haber sido apartadas por el sistema. Sin embargo, poco a poco descubrimos en personajes como Dave (David Strathairm) o en la propia Fern (McDromand) que su vida trashumante no solo responde a cuestiones económicas, sino que son espíritus irredentos que necesitan de la libertad (en este caso, la que da la carretera: la vida nómada) para sentirse plenos y en armonía tanto consigo mismos como con los seres de su entorno.Todo esto me hace pensar que <em>Nomadland</em> no es tanto un retrato de cómo la sociedad aliena y aparta al ser humano de su esencia primitiva sino de cómo los humanos ya hemos aceptado esa condición alienante e imposible de cambiar a corto plazo y tratamos de combatirla. La película trata de forcejear con el sistema al proponer un estilo de vida alternativo cuyo objetivo es vivir buscando esos "destellos de belleza" y libertad que John O'Donohue describió <em>El abrazo invisible</em> como momentos "juguetones como la luz del amanecer que no se pueden prever pero a veces surgen en una situación o escena de la forma más inesperada". La concatenación de hermosas escenas filmadas por Joshua James Richards, el director de fotografía, hacen recordar a esos bellísimos <em>tableaux vivants</em> que nos regaló Néstor Almendros en <em>Días del cielo</em>. La mayoría de planos están rodados en lo que en cine se conoce como 'hora mágica', lo que remite a esa búsqueda eterna de la belleza en el entorno.Porque <em>Nomadland</em>, recordemos, bebe del cine de Terrence Malick, solo que Chloé Zhao tiene los pies sobre la tierra y no en el terreno de la filosofía y el espíritu. Sus personajes no están abstraídos; son seres humanos de carne y hueso con problemas materiales. No son conceptos representados en personas, sino personas que viven las experiencias derivadas de esos conceptos. Necesitan libertad para sentirse humanos. No pueden encadenarse a un estilo de vida porque no soportan la realidad de la rutina.…