1 - Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid) El Museo Reina Sofía ha sido desde hace años el foco principal de una serie de sucesos extraños dentro de sus muros. Desde voces y gritos en salas donde aparentemente no hay nadie, hasta puertas que se abren y se cierran solas según el testimonio de algunos trabajadores. Esto, unido al pasado del museo, ha hecho que las investigaciones paranormales en el lugar hayan sido, desde hace tiempo, muy recurrentes. En la segunda mitad del siglo XVI, este edificio se construyó como un lugar para que las personas sin recursos pudieran ir allí a morir, por lo que muchos de ellos fueron enterrados en el subsuelo del lugar. Posteriormente, en 1787, Carlos III inauguró allí el Hospital General, que permaneció abierto hasta 1965. Durante 20 años, permaneció completamente abandonado y, gracias a la Academia de San Fernando, se salvó de la demolición, siendo declarado edificio histórico-artístico. Ya en 1982, empezó a transformarse en el actual Museo Reina Sofía. Durante su remodelación, se encontraron cadáveres, calaveras e incluso momias: tres monjas habían sido momificadas y enterradas en la antigua capilla del hospital. Al final, las tres momias fueron trasladadas a la puerta principal del Museo, en donde a día de hoy permanecen enterradas. Pero el fantasma más conocido del museo es Ataulfo, como él mismo dijo que se llamaba a unos vigilantes que contactaron con él a través de una ouija. Este les aseguró que uno de ellos iba a tener una gran desgracia. Y así fue, el familiar de uno de los vigilantes murió en un accidente de tráfico. Con posterioridad, numerosos vigilantes han denunciado haber vivido distintos sucesos paranormales en el interior del museo. Uno de ellos incluso llegó a pedir a la Consejería que se realizara un exorcismo en el lugar. E incluso el grupo Hepta, especializado en sucesos extraños y paranormales, llegó a realizar varias sesiones de experimentación en el edificio. 2 - Museo Británico (Londres) En la sala 62 del Museo Británico se expone tras una vitrina la que es conocida como la "momia de la mala suerte", algo curioso si tenemos en cuenta que dicha momia no se encuentra en el museo. Lo que podemos observar si acudimos a verla será la tapa que cubrió los restos momificados, posiblemente, de una sacerdotisa de Amón Re. La leyenda que da forma a esta maldición viene de lejos y las desgracias parecen acumularse a su alrededor. Fue a finales del siglo XIX cuando un tal Thomas Douglas Murray adquirió la tapa que ahora se expone. Todos los implicados con aquella compra sufrieron alguna desgracia: uno desapareció y no volvió a saberse de él jamás, otro se arruinó y otro de los que viajaban con Douglas Murray enfermó gravemente. La tapa del sarcófago cayó entonces en manos de Warwick Hunt, hermana de uno de los afectados por la incipiente maldición. Cuando los miembros de su familia comenzaron a ser víctimas de inesperadas desgracias, Hunt no lo dudó: donó el objeto al Museo Británico, donde siguió haciendo de las suyas: desde leves accidentes en los turistas que se paraban frente a la tapa para admirarla hasta la muerte del periodista Bertram Fletcher Robinson, quien se atrevió en sus reportajes a dar buena cuenta de la maldición. Aunque su lista de víctimas es más amplía aún y hay quienes afirman incluso que el espíritu de la sacerdotisa se pasea por los pasillos del museo, la más llamativa es la que apunta a que la momia que esta tapa debió cubrir es la responsable del hundimiento del Titanic, ¡ahí es nada!. Uno de los periodistas que viajaba a bordo del fatídico transatlántico, que no logró sobrevivir, habló de que la momia iba a bordo del Titanic y que, cuando éste se hundió, la tapa flotó, fue rescatada por otra embarcación y también se hundió. Las leyendas en torno a este objeto son tantas que es difícil saber cuáles son auténticas y cuáles no, aunque algunas cantan demasiado. Una historia hija de una época donde la pasión por Egipto y la fascinación por sus maldiciones…

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