<strong>María Reig</strong> llegó a este mundo en 1992, un año con mucha historia en nuestro país que abrió sus puertas al exterior con las Olimpiadas y la Expo de Sevilla. Y es precisamente esos momentos que marcan una época los que llaman la atención de la joven autora que <strong>ha publicado su segunda novela histórica</strong>.Con su debut, Papel y tinta, recurrió al crowdfunding para poder sacar adelante su proyecto. Ahora <strong>cuenta con el respaldo de una editorial potente</strong> que ha apostado por ella y su proyección de futuro.En Promesa de juventud nos lleva a dos internados suizos en plena II Guerra mundial. Un momento de tensiones que comparten <strong>un grupo</strong> <strong>de jóvenes estudiantes repartidos por sexo en dos instituciones separadas por un bosque</strong>. Chicos y chicas provenientes de países diferentes y, por tanto, en este contexto, de diferentes bandos.Pero, pese a la situación, las relaciones de amistad y amor juvenil no distan mucho de las que podríamos encontrar en otras épocas. Y <strong>esa intensidad de un momento vital de tanto cambio</strong>, es el que marca esta novela donde las mujeres cobran un especial protagonismo.<strong>Te presentan como ‘la nueva voz de la narrativa femenina’, ¿qué te gusta y qué no te gusta de esta etiqueta?</strong>Cuando se refieren a ti como una promesa, cuando ven que tienes futuro, o eso quieren transmitir, siempre es de agradecer y me emociona muchísimo y feliz desde el mayor de los respetos. Es algo que me halaga muchísimo. Esa coletilla femenina, masculina, tampoco creo que haga falta. Yo creo que está hecho desde la mejor intención para dar respaldo al trabajo que estás haciendo, pero no me gustaría etiquetar mis historias, ni a mí misma, ni a mis lectores o lectoras como masculino y femenino, ni mucho menos.<strong>Con dos novelas publicadas, dejas claro que lo tuyo es la ficción de época, ¿mejor tiempos pasados que el presente?</strong>A mí me inspiran más, me encuentro más cómoda con el pasado. Lo bonito del pasado es que aprendes a valorar muchas cosas que tienes en el presente, es algo que me ayuda mucho cuando estoy investigando o conformando una historia. Caigo en la cuenta de todo el trabajo previo que ha tenido que haber para conseguir y poder gozar hoy de una serie de derechos, de libertades, de cosas que tenemos integradas o asimiladas en nuestro día a día pero que no siempre han sido así. Estoy contenta de vivir en la época que vivo, pero me gusta echar la vista al pasado y me parece apasionante descubrir lo que ha pasado antes de nosotros.<strong>Con esa pasión por otras épocas seguro que en algún momento te habrás planteado qué época te hubiera gustado vivir en primera persona.</strong>Lo he pensado muchas veces, pero hay tantas épocas en las que me gustaría aparecer de pronto. Tengo dos predilecciones, una es principios del siglo XX, a lo mejor me gustaría aparecer en 1919, por ejemplo y, por otra parte, también me gustaría el siglo XIX. Son mis dos debilidades.<strong>En Promesa de juventud nos llevas hasta la II Guerra Mundial, ¿te has llegado a imaginar lo que tiene que ser vivir en guerra?</strong>Es cierto que, para construir a los personajes, tratas de agudizar la empatía y de imaginarte. Es complicado. Yo pertenezco a una generación que la guerra, tristemente sigue existiendo en muchos lugares, pero justamente aquí, no. Evidentemente hay muchos códigos, ideas y sensaciones que sólo puede aproximarme a ellas a través de la imaginación. Probablemente, aun ejercitando mucho la empatía, nunca podré llegar a sentir al cien por cien en un momento en guerra. Pero lo he intentado.<strong>Porque, más allá de la muerte, ¿qué crees que es lo peor de estar en guerra?</strong>Yo creo que la deshumanización de la sociedad. Muchas veces nos guiamos por nuestros principios, valores. Pensamos que son los pilares con los que nos levantamos cada día y por los que peleamos en cada pequeña actividad que realizamos. Y en esos momentos de guerra…

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