Las vacunas del futuro

Al ingeniero biomédico Mark Kendall siempre le ha fascinado la tecnología aplicada al campo de la medicina, por eso, aunque iba para ingeniero espacial, acabó decantándose por la ciencia médica. Este científico australiano reconocido a nivel internacional por sus innovadoras soluciones tecnológicas a problemas de salud global lidera hoy la empresa que fundó en 2018, WearOptimo, dedicada a fabricar una amplia gama de dispositivos microponibles que se adhieren a la piel y permiten al usuario conocer parámetros de su salud en tiempo real. Pero antes de crear esta empresa ya llevaba más de 20 años de trayectoria profesional, y en la actualidad ha patentado ya más de 140 inventos.Uno de ellos, especialmente relevante, marcó un antes y un después en su carrera. Se trata de un parche autoadhesivo de vacuna totalmente indoloro llamado Nanopatch, un «nanoparche» de apenas un centímetro cuadrado de superficie que pretende revolucionar el mundo de las vacunas y que puede contribuir a salvar muchas vidas. En 2012 ese pequeño dispositivo fue galardonado con el Premio Rolex a la Iniciativa, unos reconocimientos que la compañía relojera suiza otorga cada dos años desde hace cuatro décadas para fomentar el espíritu de iniciativa de personas emprendedoras y respaldar proyectos pioneros enfocados a resolver problemas acuciantes en todo el mundo. Sin duda el que aborda Kendall lo es, porque con su Nanopatch persigue reducir el coste de la inmunización en los países en vías de desarrollo y mejorar la efectividad de las vacunas, un tema al que el ingeniero llevaba tiempo dándole vueltas. En especial a la forma en la que se administran las vacunas, con unas agujas hipodérmicas cuyo diseño se remonta al siglo XIX. ¿No era curioso, se preguntó, que en pleno siglo XXI las vacunas se siguieran inoculando con un viejo sistema desarrollado en 1853, hace casi 170 años, cuando el médico escocés Alexander Wood patentó la primera aguja hipodérmica unida a una jeringa?<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/16/mark-kendall-ensena-a-las-enfermeras-del-hospital-de-port-moresby-capital-de-papua-nueva-guinea-como-aplicar-el-nanopatch_5eb9c716_800x531.jpg">La administraci&amp;oacute;n de la vacuna es muy simple: solo hay que utilizar un peque&amp;ntilde;o aplicador para adherir el parche a la piel. El paciente solo siente un suave golpecito, una gran mejora respecto al pinchazo de una aguja. En menos de un minuto, la vacuna habr&amp;aacute; penetrado en el sistema inmunitario a trav&amp;eacute;s de la piel. «Es obvio que las vacunas son un gran logro de la humanidad, el avance que, después de lo que se consiguió con el agua potable y el saneamiento, más nos ha permitido incrementar la esperanza de vida –afirma Kendall–. Pero cualquier tecnología, por exitosa que sea, tiene sus deficiencias, y las que presentan las vacunas tienen que ver precisamente con la aguja y la jeringa».En concreto, él resalta cuatro inconvenientes. Uno de ellos es la fobia que alrededor del 20 % de la población tiene a las agujas, lo que dificulta la implementación de los programas de inmunización. Otro son los 1,3 millones de muertes anuales que, según la OMS, se producen como consecuencia de infecciones causadas por jeringas contaminadas. Pero existen otros dos problemas que aún son de mayor calado.El primero tiene que ver con la tasa de efectividad de las vacunas. «Hemos comprobado en nuestro laboratorio que las que se inoculan con aguja y jeringa tienen una tasa de efectividad menor que las aplicadas con el parche porque van directas al tejido muscular,donde hay menos células del sistema inmunitario –explica–. En cambio, Nanopatch, equipado con entre 4.000 y 10.000 espículas diminutas e invisibles recubiertas con polvo de vacuna liofilizada, penetra en la capa externa de la dermis y alcanza miles de células clave del sistema inmunitario,desencadenando una respuesta inmunológica más intensa». Pero no solo eso: esa mayor efectividad se logra con una dosis de antígenos bastante menor, lo que…

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