Nanotecnología en una copa de hace casi 2.000 años
Entre las miles de reliquias que se atesoran en el British Museum de Londres, hay una pieza que <strong>despierta un enorme interés desde hace décadas</strong>. Más allá de por su valor artístico, la pieza ha sorprendido a nivel científico.La razón por la cual esta copa es tan especial es el sorprendente cambio de color que experimenta bajo la luz: <strong>al iluminarla exteriormente, parece ser gris verdosa pero, si se ilumina desde dentro, muestra una fuerte tonalidad rojiza</strong>. La nanotecnología tiene la explicación de este fenómeno.Historia de una copa romana únicaLa Copa de Licurgo, un vaso de vidrio romano que data del siglo IV d.C. y en el que, según los historiadores, se representa la victoria de Constantino I sobre Licinio. En ella <strong>aparece tallada la muerte del rey Licurgo</strong>, gran enemigo de Dionisio, el dios griego del vino. En esta versión del mito, el rey trató de acabar con una de sus ménades, la ninfa Ambrosía. Ella se transformó en una vid y se fue enrollando alrededor de Licurgo hasta que lo mató.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/12/08/la-copa-de-licurgo-en-verde_c889eafe_221208213534_800x1241.jpg">La copa de Licurgo en verde</a>Pero volviendo a la ciencia de la copa, ¿cómo es posible que cambie de color de esta manera tan evidente esto posible? ¿De dónde viene este dicroísmo? A pesar de tener constancia escrita de la existencia de la copa desde 1845, <strong>no fue hasta 1990 cuando los científicos consiguieron resolver este misterio</strong> utilizando una moderna técnica de análisis, el microscopio electrónico de transmisión.El secreto de este cambio de color se encuentra en el cristal con el que está fabricada; o más bien, en las <strong>diminutas partículas esféricas de diferentes metales incluidas en este cristal</strong>. Estas pequeñas partículas, llamadas nanopartículas, principalmente de oro y plata tienen diámetros que van de 50 nanómetros a 100 nanómetros, es decir, mil veces más pequeñas que un grano de sal.Resulta que al ser iluminadas presentan <strong>un fenómeno llamado resonancia de plasmón de superficie</strong>: cuando el tamaño de una partícula metálica es mucho menor que la longitud de onda de la luz incidente, los electrones de ellas oscilan con el campo eléctrico de la luz. Para determinadas longitudes de onda, se produce un acoplamiento entre la oscilación del campo eléctrico incidente y la de los electrones, lo que provoca que la absorción de la luz de esa longitud de onda aumente considerablemente. Como consecuencia, también aumenta la reflexión de las longitudes de onda no absorbidas que se asocian a un determinado color, que es el color que vemos nosotros. Por último, la luz que no se ha reflejado por el objeto ni absorbido se transmite a través de él.Una copa a veces roja, a veces verdeEn el caso de la Copa de Licurgo, el color rojo observado en transmisión es el resultado de la absorción de la luz verde del espectro visible por las partículas de oro más pequeñas; la tonalidad morada se la otorgan las partículas más grandes del mismo material; y finalmente el color verde se debe a la reflexión de la luz de ese tono por las nanopartículas de plata.En su momento, el hallazgo provocó un gran asombro, pero también escepticismo entre los científicos, pues fabricar unas partículas tan pequeñas hace 1.600 años requeriría una tecnología inexistente en ese momento. O una destreza inusual.Como la concentración de este tipo de partículas es extremadamente baja (40 partes por millón en el caso del oro y 300 partes por millón en el caso de la plata), la principal hipótesis sobre su fabricación es que se pudo deber a cierta "contaminación" accidental con polvo de oro y plata finamente molido que se encontrara en los talleres de los artesanos.Sin embargo, esta curiosa serendipia también <strong>ha sembrado dudas entre los especialistas</strong>: si la copa estuviera fabricada con partículas de tamaños ligeramente diferentes u otros materiales, no…