El escenario que se dibujó hace 45 años en el aeropuerto de la ciudad ugandesa de Entebbe dio pábulo a una de las acciones de rescate más intrépidas que recuerda la historia reciente: un avión secuestrado, terroristas ávidos de venganza y demandas, un despiadado dictador africano y una unidad de élite del ejército más implacable del planeta… El llamado Oriente Medio ha sido –y es– un retablo de conflictos y tensión que parece no tener solución. Desde la ocupación romana, pasando por las Cruzadas y el Mandato Británico, hasta justo después de la Segunda Guerra Mundial –que es cuando se configura el marco geopolítico que sustenta las disputas actuales–, los enfrentamientos armados, de diversa intensidad, han sido la tónica habitual en este fascinante y milenario territorio del Mediterráneo oriental. Vuelo 139 de Air France secuestrado. El avión continuó operativo hasta el 2009 El 27 de junio de 1976, el vuelo 139 de Air France fue secuestrado al realizar escala en Atenas La pugna por el territorio y los recursos ha hecho que palestinos e israelitas se hayan convertido en incomodos vecinos y enemigos perennes, intentado, ambos, legitimar sus argumentos mediante una intensa disputa por la narrativa. Guerras interpretativas de la historia con el objeto de justificar sus aspiraciones, ante ellos mismos y, sobre todo, ante el mundo, queriendo darle carácter general al germen del conflicto. El 27 de junio de 1976, el vuelo 139 de Air France, que viajaba desde Tel Aviv hacia París, fue secuestrado cuando realizaba escala en Atenas. De los 248 pasajeros, muchos eran israelitas. Los terroristas, dos miembros del Frente para la Liberación de Palestina (FPLP) y dos de la Fracción del Ejército Rojo alemán, desviaron el avión hacia Bengasi (Libia) para realizar una parada logística tras la cual reanudaron la marcha hasta su destino definitivo, el aeropuerto internacional de Entebbe, el mayor de Uganda. Aeropuerto internacional de Entebbe, lugar en donde se llevó a cabo la operación Uganda era un Estado autócrata presidido por el tirano Idi Amin. Este, que hasta hacía no muchos años había mantenido relaciones cordiales con Israel y EE.UU, mudó sus lealtades debido a ciertos desencuentros con sus antiguos socios y se alió con el libio coronel Gadafi, mostrándose abiertamente favorable a la causa árabe en la guerra de Yom Kipur, en el año 1973. Los secuestradores exigieron la liberación de decenas de terroristas presos en distintos países del mundo La gran repercusión del secuestro del vuelo 139 le situaba en el punto de mira, hecho que trató de aprovechar para ensalzar su figura y aparecer ante el mundo como un gran líder, mediador y conciliador. Los secuestradores, que habían recibido refuerzos y gozaban de la protección del ejército ugandés, exigieron la liberación de decenas de terroristas presos en distintos países del mundo, especialmente en Israel. Mantenían a los rehenes hacinados en la antigua terminal del aeropuerto, a unos dos kilómetros de la nueva y activa. Las condiciones higiénicas eran ínfimas, a eso había que sumarle la presión psicológica por la incertidumbre de la situación. Los israelitas estaban siendo separados del resto del pasaje. UN PLAN DE RESCATE CASI SUICIDA Mientras tanto, y con el mundo en vilo, el primer ministro israelí, Isaac Rabin, convocó a su gabinete de crisis para analizar la situación, que se presentaba manifiestamente adversa. El lugar del secuestro distaba miles de kilómetros de Israel, los terroristas contaban con apoyo humano y material del Gobierno ugandés, el plazo dado por los secuestradores para satisfacer sus demandas era exiguo y la lógica presión de los familiares de los rehenes y de organismos internacionales se hacía sofocante. A lo anterior había que unir la rígida política que seguía Israel de no negociar nunca con terroristas. Los asesores militares y comandos antiterroristas de Israel comenzron a trazar, contracorriente, un plan de rescate casi suicida Pero Israel nunca se daría por vencida…