Noticias eXplora: Mensajes de despedida... ¿de otro lado? Taida Betram es una chica discapacitada. Tiene una lesión medular y necesita una silla de ruedas. Vive sola y en su casa suceden cosas extrañas de manera habitual. En la conversación que mantenemos, se muestra muy sincera y tranquila. —Todo comenzó cuando empecé a vivir en la casa de mi abuela en Jaca (Huesca). En 2014 me vine a vivir aquí. De hecho, en esta misma casa falleció mucha gente de mi familia. Incluso alguna muerte violenta: mi abuelo, que tenía una hemiplejia, lo llevaba muy mal y se pegó un tiro. Mi tía Carmencita, que era mi madrina, también murió aquí. También mi bisabuela Antonina. Luego, aunque no en esta misma casa, mi tío Javier que era guardia civil también murió, muy joven, tras dispararse su arma mientras la limpiaba en su camareta. Sentí una mano en el hombro. Una mano cálida, que parecía acompañarme y darme consuelo. Me giré y no había nadie —¿Qué cosas suceden en tu casa, Taida? —Se caen cosas. El otro día me despertó un golpe en el armario. Y lo de los golpes es bastante habitual. A veces suenan golpes secos. Toc, toc, toc. Mi perrita Laika ladra al pasillo. En otra ocasión se me cayeron unas baldosas de la cocina. Otra vez, estando mi madre, dejó una cazuela en la encimera y se precipitó contra el suelo. Se puso muy nerviosa, pero yo la tranquilicé. Creo que en esta casa hay algo. —Pero ¿has sentido algo más allá de la caída de objetos o los golpes? —Mira, un día volvía del hospital por una infección de rodilla, pero no terminaron de curarme y me fui a casa deprimida. El caso es que, estando en la cocina tomando un Cola Cao, sentí una mano en el hombro. Una mano cálida, que parecía acompañarme y darme consuelo. Me giré y no había nadie. Pero no sentí miedo, sino protección. Mientras estaba en la cama, vi a mi abuela fallecida sonriéndome, hasta que desapareció —¿Has llegado a ver a esas presuntas presencias? —Sí. Una vez estaba acostada en la cama, en duermevela, y vi a mi abuela sonriéndome. La vi y se fue. Le dije que no se fuera, pero lo hizo. La vi muy nítida, con muy buen semblante. Se fue hasta lo oscuro y desapareció. —¿Es la única ocasión? —No. Otras veces, con el rabillo del ojo, he llegado a ver, tanto yo como algún amigo que ha pasado la noche en casa, una silueta vestida de blanco alta y morena, pero no le veo el rostro. Creo que es mi tía Carmencita. A veces se ve otra figura negra, oscura. También alta y delgada. —¿Y a esas figuras que ves, Taida, llegas a verles el rostro? —No. Las veo frontalmente, a tres o cuatro metros. Pero no les veo la cara. —¿Hubo más episodios similares? —En otra ocasión, me acosté sabiendo que tenía que levantarme temprano. El caso es que me desperté viendo la figura de una señora mayor a los pies de mi cama, animándome a levantarme. —¿Y cómo reaccionaste? —Al principio algo inquieta, pero luego lo agradecí, ya que tenía que levantarme y aquello me despertó en el momento idóneo. Es que soy muy dormilona… —Y práctica… —También (risas). —¿Cuál es la explicación que das a todo esto que te pasa? —Son los muertos de mi familia, que están aquí, y me hacen compañía a su manera. Y no me hacen mal. Le pedí por favor que se fuera debido al pánico que aquella presencia me produjo "ROSA, SOY YO" De la siguiente historia tuve conocimiento gracias a El Dragón Invisible, dirigido por el periodista Jesús Ortega. Programa radiofónico de Radio Castilla-La Mancha que yo mismo produje durante dos temporadas. Fue durante el transcurso de la grabación de una emisión especial con público, realizada el 13 de febrero de 2020 en la Delegación Territorial de la ONCE en Castilla-La Mancha, en Toledo. En dicha emisión intervino Cristina Chamorro, trabajadora del centro, con quien pude hablar posteriormente. Me puse en contacto con ella y me contó una serie de experiencias oníricas bastante curiosas relacionadas con su padre, fallecido el 23 de julio de 1989 a los cuarenta y cinco años tras padecer un trágico cáncer durante cinco años.…

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