El matrimonio Warren se ha convertido en un icono de la cultura popular gracias a las películas que han llevado a la gran pantalla algunos de sus casos más terroríficos. Sin embargo, las historias que hemos conocido a través del cine son solo un mínimo ejemplo del enorme archivo que esta peculiar pareja de investigadores de lo paranormal acumularon a lo largo de su carrera. Gracias a Ediciones Obelisco, que está traduciendo las obras de los Warren al castellano, ahora podemos acceder a muchos de sus famosos "expedientes". Por cortesía de la editorial, en Espacio Misterio os ofrecemos algunos de los más impactantes. Ed y Lorraine Warren se conocieron en 1942. Inmediatamente, ambos conectaron de forma especial. Cuando Ed le confesó a su futura esposa que, desde que eran un niño, le sucedían cosas extrañas, Lorraine prestó mucha atención. Ed le contó que la casa en la que vivía cuando era niño estaba embrujada. Muchas noches se iba a la cama aterrado, ya que las puertas de su armario se abrían y cerraban solas y, además, ante él aparecían diferentes rostros que no debían estar allí que le hacían gestos y le hablaban. Lorraine se sintió inmediatamente identificada. A ella le sucedía lo mismo, e incluso era capaz de percibir el aura de las personas. Con el inicio de la II Guerra Mundial, Ed fue llamado a filas y sus aventuras en busca de lo paranormal se hicieron esperar. Pero en 1952, fundarían la NESPR, New England Society for Psychic Research (Sociedad para la Investigación de Fenómenos Paranormales de Nueva Inglaterra), una entidad sin ánimo de lucro destinada a ayudar a quienes afirmaban ser víctimas de fenómenos extraños o espíritus diabólicos. Ante cualquier solicitud de ayuda, los Warren se dirigían a la casa en cuestión, entrevistaban a sus habitantes, evaluaban el caso y decidían si tomar cartas en el asunto o no. Esta es una de sus historias recogida en El Cementerio... Ed y Lorraine Warren El tema de las posesiones demoníacas continúa fascinando a mucha gente. En la televisión existen numerosos programas dedicados a ellas, y cada cierto tiempo un libro sobre posesiones se convierte en un fenómeno de ventas. En 1935, EE.UU. estaba aún sumido en la depresión económica. Los informativos radiofónicos de la noche y los semanarios en los cines mostraban un país en condiciones trágicas: colas para conseguir un plato de sopa caliente, hombres tirando piedras a las ventanas de fábricas cerradas o de pie en una acera sosteniendo carteles en los que podía leerse: «Mi hijo necesita comer». Aquellos que vivieron durante la Gran Depresión nunca la olvidarán. Aunque en Monroe y sus alrededores la situación no era buena, casi todo el mundo tenía algún que otro trabajillo y el día a día era más o menos normal. En un condado cercano había una cafetería, regentada por una afable mujer llamada Marilyn Williams, donde solían desayunar y almorzar muchos trabajadores. La comida era buena, los precios razonables y ella siempre estaba dispuesta a hacer un pequeño préstamo si te conocía y creía que eras una persona decente. El marido de Marilyn, Darrell, era harina de otro costal. Tenía celos de cualquier hombre que sonriera a su mujer. La avergonzaba constantemente discutiendo con los clientes, muchos de los cuales le dejaban en paz dado que Darrell no era sólo un hombre iracundo, sino también violento. Las historias de sus peleas eran legendarias. Era el típico acosador de la escuela que jamás madura. La voz que salía por su boca no era la suya. Darrel sentía como si otra persona estuviera hablando a través de él, como si no fuera más que una marioneta en manos de otra persona Posteriormente se dijo que oía voces que le decían que su mujer le era infiel. Y a veces, cuando hablaba, cuando le echaba en cara tales desmanes, la voz que salía por su boca no era la suya. Darrell sentía como si otra persona estuviera hablando a través de él o como si no fuera más que una marioneta en manos de otra persona. Cierto día, mientras se estaba poniendo una…