Día 10. El paseo en Zodiac
Resulta increíble lo rápido que <strong>el cuerpo humano puede acostumbrarse a las distintas circunstancias</strong> que le rodean, ya se trate del frío, el calor, o el incesante vaivén de una nave con un casco de forma ovoide.El caso es que, desde nuestra travesía por el mar de Hoces, <strong>no habíamos vuelto a acordarnos de las pastillas para el mareo</strong>. Incluso nos habíamos atrevido con algunos de los platos más consistentes que forman parte del menú de a bordo. La reflexión viene al caso de la copiosa cena de la que disfrutamos ayer, tras la cual, <strong>pasamos la noche navegando</strong> como ya forma parte de la rutina.Si la frase es aplicable a un viaje en barco, puede decirse que <strong>volvimos sobre nuestros pasos</strong>. Nos encontrábamos de nuevo al norte, en los alrededores de la conocida como isla del Diablo, una pequeña ínsula de unos 1,6 kilómetros cuadrados considerada un área especial para la conservación de las aves, ya que en su cara norte anida <strong>una colonia de hasta 15.000 pingüinos de Adelia</strong>.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/09/mapa-de-situacion-de-la-expedicion-a-la-antartida_d8e6cb38_800x526.jpg">Mapa de situación de la expedición a la Antártida.</a>Entre los objetivos del día se encontraba <strong>realizar un par de inmersiones en estas aguas</strong>, ya que al igual que sucede con el mar de Weddell, por su gran biodiversidad se trata de una zona también propuesta para la creación de un Área Marina Protegida. Sin embargo, debido a <strong>la abundante presencia de hielo</strong>, durante la mañana el equipo se ha tenido que conformar con tratar de buscar una zona lo suficientemente segura para descender ya por la tarde.Así pues, la mañana se presentaba tranquila, la primera quizá desde que embarcamos. Sin embargo, y para nuestra muy grata sorpresa no iba a ser así, y todavía con la taza del desayuno humeando recibimos el aviso de que, ante la imposibilidad de operar el submarino, saldríamos a hacer <strong>una pequeña expedición en bote a las inmediaciones</strong>.Varias capas de ropa después, estábamos <strong>en las lanchas navegando entre bloques de hielo</strong>, algunos conquistados por <strong>pequeños grupos de focas</strong> que, lejos de importunarse con nuestra presencia, parecían mirarnos con curiosidad desde sus pequeñas fortalezas flotantes.Visto de cerca, el hielo, del cual ahora apreciábamos <strong>nuevos colores, texturas y brillos</strong>, adquiría un nuevo matiz. De hecho, una de las cosas que más nos llamó la atención fue el sonido del extraño burbujear que nos rodeaba, producido por la liberación del aire contenido en este, fruto de la <strong>fusión por el contraste de temperatura</strong> con el agua.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/09/un-pagalo-austral-del-genero-stercorarius-descansa-en-un-tempano-de-hielo_2a2f9885_800x533.jpg">Un págalo austral del género Stercorarius descansa en un témpano de hielo.</a><a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/09/dos-lobos-marinos-antarticos-arctophoca-gazella-vigilan-nuestros-movimientos_4d2da555_800x533.jpg">Dos lobos marinos antárticos (Arctophoca gazella) vigilan nuestros movimientos.</a><a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/09/los-icebergs-ofrecen-un-cuadro-interminable-de-texturas_4b3cb5da_800x533.jpg">Los icebergs ofrecen un cuadro interminable de texturas.</a>Tampoco olvidaremos el momento en el que muy cerca de nosotros escuchamos <strong>un fuerte crujido que no supimos identificar</strong> en un primer momento. Se trataba de un iceberg en miniatura que había perdido parte de su masa emergida y <strong>producto del cambio en el centro de gravedad se volteaba lentamente en el agua</strong> hasta encontrar un nuevo punto de equilibrio, <strong>como si estuviera vivo</strong>.Si hubiera dependido de nosotros, a pesar del frío, el viento, y <strong>la sensación de vulnerabilidad que uno siente en medio del océano helado</strong>…