Noticias eXplora: El fantasma que resolvió un asesinato Cuando uno se mete en pleitos puede ocurrir cualquier cosa, incluso que el testimonio de un fantasma salga a relucir para resolver un terrible caso de asesinato. El suceso ocurrió a finales del siglo XIX. Elva Zona Heaster, casada con el herrero Erasmus Stribbling Trout Shue, apareció muerta el 23 de enero de 1897 en su domicilio del condado de Greenbrier, en Virginia Occidental. Cuando el médico local George W. Knapp fue avisado para explorar el cadáver y determinar las causas del fallecimiento, se encontró con que Erasmus había lavado el cuerpo de Elva, lo había ataviado con un vestido de cuello alto, un velo cubriendo la cara y colocado sobre la cama a la espera de que se iniciara el velatorio. Mientras el doctor Knapp trató de examinar a la víctima, Erasmus no se separaba de su esposa. Afligido, sujetaba la cabeza entre sollozos, aferrado a ella hasta tal punto que el médico no se atrevió a apartarlo y se centró en el resto del cuerpo de Elva. Knapp no encontró ningún indicio incriminatorio y determinó que el motivo de aquel súbito óbito fueron «unas complicaciones del embarazo». El doctor conocía la fragilidad de salud de la fallecida. La había estado tratando las semanas previas por «problemas femeninos», así que ese triste desenlace no resultó después de todo inesperado para él. Junto a estas líneas, Elva Zona Heaster con su esposo Erasmus Stribbling Trout, quien terminó asesinándola. Su crimen pudo quedar impune, si no fuera porque la madre de Elva recibió la visita del espíritu de su hija, según su versión. Los funerales de Heaster se celebraron en la casa de sus padres. Y el comportamiento del marido siguió siendo conmovedor. Envolvió el cuello de la difunta con un pañuelo, su pañuelo favorito, e hizo reposar la cabeza entre grandes almohadones para que estuviera más cómoda. Todos los asistentes entendieron aquellos gestos como propios del duelo del momento. Todos menos una persona, Mary Jane Heaster, la madre de Elva a quien nunca le había agradado Erasmus. Él se había casado dos veces antes de contraer matrimonio con Zona y durante ambas relaciones tuvo episodios de maltrato doméstico, pasó por la cárcel por robar caballos y la muerte de su segunda esposa sucedió en circunstancias no bien aclaradas, aunque a Shue nunca se le acusó de nada. La víctima manifestó desde el más allá la causa real de su muerte REVELACIÓN DEL MÁS ALLÁ Mary Jane comenzó a rezar, implorando una ayuda divina que la iluminara para esclarecer la muerte de su hija. Y la respuesta a sus plegarias llegó en forma de aparición durante cuatro noches seguidas. Elva, desde el más allá, reveló a su madre que había sido asfixiada, y con esa información Mary Jane acudió al fiscal John Alfred Preston. El prodigio no llamó la atención de la autoridad judicial, pero la insistencia fue motivo suficiente para echarle un segundo vistazo al caso. En esa revisión, Preston se percató que el doctor Knapp nunca pudo explorar el cuello de la fallecida, así que ordenó exhumar el cadáver y entonces vino la sorpresa: Elva presentaba el cuello roto y la tráquea aplastada. Inmediatamente, Shue fue detenido y procesado como el principal culpable del asesinato. 'No fue un sueño', afirmaba la madre de la fallecida. 'Ella vino cuatro veces, y cuatro noches; pero la segunda noche me dijo que su cuello fue aplastado' Durante el juicio, uno de los testigos que subió al banquillo fue la desconsolada madre. El abogado defensor de su yerno trató de descreditarla ante el jurado preguntándola por sus visiones. Pero Mary Jane siempre se mantuvo firme según recogió, palabra por palabra, la prensa de la época: «No fue un sueño, ella regresó y me dijo que él se enfadó porque ella no tenía carne cocinada para la cena (…) Ella vino cuatro veces, y cuatro noches; pero la segunda noche me dijo que su cuello fue aplastado en la primera articulación y sucedió tal como ella me dijo». VEREDICTO: CULPABLE El abogado insistió en que todo aquello pudo ser fruto de su imaginación, dado el…