Después, estos últimos días, caídas generalizadas. Normalmente los inversores se protegen invirtiendo en bonos (que suben de valor en una recesión, como la que se empieza a vislumbrar en EE. UU.) o en algún otro activo refugio como el oro (aunque en esta ocasión también está cayendo).
A partir de ahora lo único que está garantizado es la volatilidad. Podría haber un rebote (ocurre muy a menudo que hay grandes subidas en los días cercanos a las grandes caídas), sobre todo si empiezan a llegar noticias con correcciones de los aranceles a la baja. Pero, si no las hay, es probable que los inversores decidan alejarse de los sectores más afectados (aquellos que fabrican fuera de EE. UU., o que tienen muchos clientes fuera de EE. UU.) o los más caros, como el tecnológico, y decidan esperar a entender mejor la situación con su dinero colocado en sectores más defensivos, como los de consumo básico (comida, productos de cuidado personal, supermercados), salud, o suministros (proveedores de energía). O directamente saliendo de la bolsa hacia renta fija, incluyendo los fondos monetarios, que son considerados los más seguros. Además, los inversores que puedan van a seguir reduciendo su exposición a los Estados Unidos.

Sin embargo, a pesar de que la primera reacción natural es la del miedo no es aconsejable deshacer una estrategia de largo plazo, bien pensada y diversificada, según tu perfil, por unos días de pánico en las bolsas, ya que esto puede acabar teniendo un coste importante para tu patrimonio.


Atentamente,
El equipo de ING

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