Octavi Pujades es uno de esos actores que nos resulta habitual en la ficción de nuestro país, desde que se hiciera popular con <a href="https://los40.com/tag/al_salir_de_clase/a/">Al salir de clase. Últimamente está más centrado en el teatro y en las redes sociales. Después de haberlo petado durante la pandemia con su padre como acompañante de sus vídeos y fotos, sigue ganando seguidores.Precisamente, fue a raíz de ese reencuentro con su padre cuando decidió escribir su primer libro. No viene a cuento recoge una historia donde la ficción se mezcla con la realidad en un formato que toma como base varios cuentos clásicos.De este nuevo proyecto, de su faceta de padre o de lo que fue dejar su plaza como médico para apostar por la interpretación, hemos hablado con él para descubrir que últimamente no puede quitarse de la cabeza a <a href="https://los40.com/tag/rosalia_vila/a/">Rosalía.Tu primer libro, ¿qué se siente?Es una sensación extraña. Yo siempre me he dedicado a algo artístico, pero cuando eres actor realmente dependes de muchos factores y eres uno de los muchos eslabones de una cadena. Dices el texto de otro y como quiere que lo digas. Pero escribir un libro o los post de Instagram te dan un poder y una libertad mucho mayores.Todo arranca en la pandemia y tu faceta de influencer junto a tu padre, ¿qué fue lo mejor de esos días?Lo mejor fue redescubrir un poco a mi padre. Cuando cuidas a una persona mayor siempre es un esfuerzo y un trabajo, en este caso, mi padre no tenía a nadie más que pudiera estar con él, pero siempre es un lío porque lo tienes que compaginar con tu vida normal. Nuestra generación nos encontramos en este momento sándwich en el que, por un lado, tienes que atender a tus mayores y, por otro lado, atender a tus hijos y tú te quedas sin tiempo para ti, vas de culo todo el día para poder cumplir con tus obligaciones y al final, como que no llegas a hacer nada. El confinamiento fue un parón. A mí me daba un poco de miedo porque con mi padre siempre había chocado mucho de carácter, pero nos dio la oportunidad de estar el uno por el otro sin injerencias exteriores.Leyendo los cuentos uno se da cuenta de que te armaste de paciencia.Sí, pero fue muy gratificante y, además, nos ayudó mucho lo que hicimos en redes. Parece una tontería, pero mi padre tenía 92 años cuando se murió. Se jubiló con 65 y era una persona de esta generación que se crio en posguerra que no tuvo mucho tiempo y energía en esos tiempos formativos que hacer otra cosa que sobrevivir y no tenía aficiones y desde que se jubiló su vida era una isla de cómoda monotonía de la que no salió y preparar las fotos y hacerlas le dio vida.¿En qué momentos decidís convertiros en influencers?Evidentemente no era ese el planteamiento. A mí las redes, aunque no lo parezca, me costó entrar porque me parecía muy fatuo todo, pero después, hubo una época de parón de trabajo hace 6 o 7 años en el que me di cuenta de que, para bien o para mal, las redes sociales son importantes, cada vez más. Le fui pillando el gusto de ir contando cosas. A la gente le iba gustando, pero debía mantener cierta constancia. Lo estaba haciendo, lo que pasa que mi día a día antes de la pandemia era muy movido y llegó el momento en el que mi día a día eran 24 horas con mi padre y para seguir con esa continuidad eran cosas con mis padres. A mí me gusta mucho disfrazarme y hacer el tonto y estaba aburrido y decía, ‘vamos a hacer cosas’.¿A él le costó entrar al juego?A él no le costó nada, le encantó. Él era un termómetro bastante fiable de saber si algo funcionaba o no. Falleció sin entender muy bien el concepto de internet. Leía los mensajes o veía cuando salía a tomar algo que la gente le reconocía y eso le encantaba, pero no comprendía muy bien el concepto como herramienta de comunicación global e inmediata. Le planteaba la foto, le leía el texto y si él se reía y le gustaba, ya sabía que era algo que trascendía las limitaciones del formato para llegar a una persona tan ajena a ello como era mi padre.Explicas que parte de lo que vamos…

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