LA CASA DE BEAUREGARD Durante la guerra de Secesión norteamericana, Pierre Gustave Toutant Beauregard fue mayor general del ejército confederado. Tiempo después, una vez acabado el conflicto, Pierre Gustave, retirado sin honores y con la vitola de haber perdido la guerra, se retiró a Louisiana, y levantó la que sería su casa hasta el final de sus días. Y ese final llegó en 1893. A partir de entonces quedó vacía; al menos durante 16 años, hasta que en 1909 el mafioso Corrado Giacona la adquirió, convirtiéndola en guarida familiar, y como no podía ser de otra forma, en escenario de varios crímenes. Muchos afirman que dentro de la casa se produce una intensa actividad paranormal Gritos, respiraciones en mitad de la noche, incluso alguna que otra cadena... Es de aquella época de donde viene la leyenda negra que parece atormentar a quienes se acercan hasta este siniestro lugar. Porque a decir de los testigos, en su interior se produce una intensa actividad paranormal que, después de haber sido estudiada por expertos, todavía no se ha llegado a conclusión alguna. Las luces que a veces se logran fotografiar recorriendo sus pasillos, los pasos que se precipitan escaleras abajo, o incluso las detonaciones similares a disparos nocturnos, no tienen una explicación clara. Se producen, sin más… después, aunque cabe la posibilidad de que lo hiciera a propósito para evitar el horrible sufrimiento del quemado. LOS FANTASMAS DE LA CASA WHALEY Esta es la historia de Thomas Whaley y su familia. Una historia diferente a la del resto. Descendiente de emigrantes escoceses e irlandeses, vino al mundo el 5 de octubre de 1823. Siendo muy joven se enamoró perdidamente de la francesa Anna Eloise Delaunay. Con treinta años y una considerable fortuna, decidió casarse con ella, y la pareja cambió de los aires fríos y cada vez más contaminados de Nueva York a las aguas cristalinas y frescas de San Diego. Dio comienzo a una nueva vida, y como ésta debía partir de cero, hasta el ladrillo de los cimientos de la casa lo escogieron ellos. Así, en 1857 finalizaba la construcción de la majestuosa casa Whaley, una sólida edificación de dos plantas, única en esta parte de América. Thomas, que era hombre inteligente, pronto se dio cuenta de que la materia prima a explotar era precisamente el ladrillo; la prueba evidente frente a las frágiles casonas de madera que decoraban las colinas de San Diego, tan expuestas al clima y a los incendios, era la solidez de los materiales que él fabricaba. Por eso no tardó en aumentar su fortuna, y en llenar su casa de esencias de otros países: alfombras de Pakistán, maderas de la India, cortinas de Damasco… Nada parecía ser suficiente para agasajar a su bella esposa. Las lágrimas de la lámpara empiezan a balancearse, la temperatura desciende y, en ocasiones, la música de la cajita que hay en la cómoda comienza a sonar… La casa Whaley está marcada por el crimen y la tragedia La muerte de uno de sus tres hijos, con apenas 18 años, los fuegos provocados en algunos de sus negocios, y las posteriores quiebras de dichas empresas, sumieron a Thomas en una melancolía que no parecía tener cura. A todas estas calamidades que teñían de grises la hasta entonces vida de color de rosa de la familia Whaley, se unió la muerte de otra de las hijas, Violetta, que tras divorciarse de su esposo, al cabo de unos meses se suicidó de un tiro en el corazón. Ésa fue la puntilla para un anciano Thomas, que no mucho después, en 1890, murió. Dos décadas después fallecería su esposa Anna, y no mucho más tarde su hijo Francis… Pero la última de su descendencia, la cuarta hija, Lillian, habitaría en la soledad de aquellas paredes hasta 1953, acostumbrándose año tras año a la soledad incómoda que no da tregua; porque de sus entrañas fluyen gritos, pasos y presencias que pueden hacer que una vida se transforme en un infierno. Infierno al que parecían predestinados, porque en este mismo lugar fue colgado James Robinson, Yankee Jim, en 1852. Era un hombre célebre en…