Noticias eXplora: Extraterrestres entre nosotros El fenómeno OVNI no es lo que parece. En teoría, la explicación lógica es que nos enfrentamos a una o varias civilizaciones extraterrestres, cuyos cosmonautas viajan a nuestro mundo con afán exploratorio. Sin embargo, después de investigar cientos de encuentros cercanos con los No Identificados e incluso con sus presuntos tripulantes, mi punto de vista es radicalmente opuesto. Lo he escrito hasta la saciedad en diferentes reportajes publicados en AÑO/CERO: en mi opinión, el enigma OVNI nada tiene que ver con naves «de chapa » pilotadas por exploradores de otros mundos, sino con alguna clase de inteligencia o inteligencias mucho más avanzadas que nosotros –quizá originarias de un universo paralelo–, cuyo objetivo consistiría en generar un cambio de conciencia global. En realidad, el fenómeno vendría a ser una especie de puerta hacia el futuro. No en vano, a lo largo de estos años he comprobado que todo aquel que se topa con los No Identificados, sufre una apertura mental que transforma por completo su personalidad y la de los que tiene a su alrededor. Y son millones los individuos que han protagonizado una experiencia de esta clase. En ciertas ocasiones, los casos de algunos de ellos trascienden a los medios de comunicación de masas y, por tanto, de algún modo acaban influyendo en amplios sectores de la población mundial. Pero tanto o más interesante que lo anterior son toda una serie de características presentes en buena parte de los incidentes ufológicos, que constituirían una prueba de ese origen dimensional del fenómeno. Me refiero a las materializaciones y desmaterializaciones de los OVNIs y/o sus tripulantes, a la interacción mental entre el fenómeno y los testigos, a las anomalías espacio-temporales que suelen producirse en presencia de estos objetos voladores, etc. «ESTAMOS ABAJO, EN LA CALLE» Desde esta perspectiva, nada impediría que esa inteligencia o inteligencias con la capacidad de manejar la materia a voluntad, no sólo pudieran transformarse en aparatos voladoras y seres más o menos antropomorfos, sino también en individuos con todo el aspecto de humanos, quienes pasarían totalmente desapercibidos en cualquiera de nuestras calles. Lo cierto es que no abundan, pero son un puñado los casos que apuntarían a la presencia de infiltrados de otros mundos entre nosotros. Uno de los más interesantes ocurrió en los últimos meses de un lejano año de 1977 en la localidad madrileña de Alcorcón. A pesar del tiempo transcurrido, conseguí entrevistar a sus principales protagonistas que, por primera vez, se animaron a narrar sus extraordinarias experiencias a un medio de comunicación. En septiembre de 2014, después de haber entrevistado en varias ocasiones a Rosa Moreno, me reuní con ella y las otras dos protagonistas de este caso: su prima Cayetana Rosique y Ana M., familiar de ambas. Durante horas asistí a un bombardeo de informaciones, a cual más interesante, y luego recorrimos los lugares donde habían tenido lugar los extraordinarios acontecimientos. «La historia comenzó como una anécdota –me narraba Rosa–. Cierto día, mi prima y yo decidimos 'jugar' a la ouija en el salón de mi casa. Pretendíamos contactar con los espíritus, pero al poco tiempo aparecieron dos seres que se identificaron como extraterrestres y que decían llamarse Norva y Foat. Yo me reí y dije: 'Sí hombre, marcianitos verdes con antenitas, ¡lo que nos faltaba!' Entonces la ouija respondió que se mostrarían ante nosotras en el momento que decidiéramos. Eran las tres de la tarde, de modo que, sin ningún convencimiento, les pregunté si podían aparecer en cinco minutos. A través del tablero, nos indicaron que podríamos verlos enfrente del balcón, en la calle. Desde luego, no me creí nada, pero justo a las tres y cinco contemplamos desde la ventana de mi cuarto a dos hombres que avanzaban por la calle y se paraban debajo del balcón de la casa». Según me explicaron Rosa y Cayetana, se trataba de dos varones que aparentaban algo más de treinta años y llevaban unas…

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