El Dr. Zahi Hawass, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, había sido muy amable concediéndonos un permiso para visitar las "cámaras" descubiertas en el interior de la esfinge de Guiza en 1987. Muy pocos investigadores han tenido la oportunidad de entrar y comprobar por si mismos si Edgar Cayce, el profeta durmiente, tenía o no razón al afirmar que allí se conservaba la "sala de los archivos" secretos de la humanidad. O si la tenía Herodoto, que sugería que la esfinge estaba comunicada con la Gran Pirámide a través de un pasadizo subterráneo... Pero tras penetrar en el interior de la esfinge de Guiza, puedo afirmar que ni lo uno ni lo otro aparece por ningún lado. No me lo han contado arqueólogos "oficialistas", no lo he leído en un libro, no lo he visto en un documental de La 2… Hace muchos años que no me fio demasiado de esas fuentes, por lo que prefiero comprobar las cosas sobre el terreno. Y esta actitud se debe, precisamente, a lo que viví en aquel nuevo viaje a Egipto. Miguel Blanco fue testigo... Me colé en la pirámide, al filo de la media noche, para acceder a las cámaras de descarga Sin embargo, no hubo manera de convencer a Hawass –al que solíamos visitar en su despacho al pie de las pirámides para hacerle mucho la pelota en cada nuevo viaje, entrevistándole, regalándole libros, etc.–, para que me permitiese acceder a las cámaras de descarga de la Gran Pirámide. El único lugar de esa maravilla del pasado donde existen textos jeroglíficos y por tanto pruebas históricas concretas sobre su construcción. Así que tuve que buscar otra manera… A diferencia de otros colegas, que habían obtenido un permiso para visitar de madrugada la cámara del Rey, mi objetivo estaba justo por encima de esa estancia que solo conserva el sarcófago vacío, y que ya conocía. Al igual que todas las demás salas, pasadizos y cámaras de la Gran Pirámide, que ya había explorado en viajes anteriores. No. A mí lo que me interesaba, lógicamente, es lo que no me permitían ver. Miguel Blanco intentó disuadirme pero... Me colé en la pirámide, al filo de la media noche, aprovechando que un grupo había untado a los vigilantes para hacer una "meditación" esotérica en la cámara del Rey. Acceso a la Gran Pirámide Iba preparado con la cuerda de escalada, mosquetones, luces químicas, linternas, etc. Me despisté del grupo y conseguí trepar los ocho metros hasta lo alto de la Gran Galería, donde se abre el pasadizo que lleva a las cinco cámaras de descarga, justo por encima de la cámara del Rey. No fue una ascensión fácil, y una caída desde ocho metros de altura podría haber sido muy dolorosa, pero no hay otra forma de acceder. Y menos sin el permiso de Hawass. Una vez arriba me arrastré por el claustrofóbico pasadizo hasta la primera cámara de descarga descubierta por Davidson en 1765, y desde ahí las fui radiografiando una a una, ascendiendo hasta la parte más alta de la pirámide. Algo que pocos investigadores han tenido la fortuna de ver. Otros investigadores, tanto ortodoxos como heterodoxos, habían estado allí antes que yo. ¿Por qué ocultaban la evidencia más irrefutable que existe en la Gran Pirámide? Me pasé varias horas midiendo, fotografiando, copiando los textos jeroglíficos que existen en las tres últimas. Y por fin, en la quinta cámara de descarga, pude ver con mis propios ojos la prueba irrefutable de quien fue su constructor. Y no me refiero ya al cartucho del faraón Jufú (Keops) –que se encuentra bajo las piedras más colosales de la estructura y que descargan el peso de millones de bloques de granito sobre la cámara del Rey–, sino a aquel otro jeroglifo que puede apreciarse por la fractura de uno de los bloques, y que demuestra, de forma irrefutable, que fue pintado antes de que se hubiese completado la construcción de la Gran Pirámide. Allí estaba la evidencia incontestable, que jamás había visto publicada en ningún libro ni en ningún documental. Aquel jeroglifo, que indubitadamente fue realizado por los constructores antes…

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