Noticias #eXplora <a href="https://static3.abc.es/media/ciencia/2020/10/07/nobel-quimica-2020-kJXG--620x349@abc.jpg">Media</a>No hay tijera más afilada ni herramienta más precisa. Tanto, que puede transformar la vida desde su propia esencia, algo simplemente inconcebible hasta hace muy poco. El Nobel de Química de 2020 ha premiado este año a la francesa Emmanuelle Charpentier y la estadounidense Jennifer Doudna, las creadoras de las revolucionarias «tijeras genéticas» CRISPR / Cas9, por «reescribir el código de la vida». Esta técnica revolucionaria, dicen desde la Real Academia de las Ciencias sueca, permite cortar y pegar el ADN a voluntad y editar cualquier forma de vida con una sencillez, rapidez y eficacia extraordinarias. Entre su potencial, el de mejorar cultivos e incluso resucitar especies. Pero lo que es más emocionante, esta tecnología contribuye al desarrollo de nuevas terapias contra el cáncer y puede hacer realidad el sueño de curar enfermedades hereditarias. Charpentier, bioquímica y microbióloga de la Unidad Max Planck para la ciencia de los patógenos en Berlín, y Doudna, profesora de química y biología molecular en la Universidad de California, Berkeley (EE.UU.), ya recibieron el premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2015 por estos mismos logros. Como explican desde Estocolmo, los investigadores necesitan modificar los genes en las células si quieren descubrir el funcionamiento interno de la vida. Esto solía ser un trabajo lento, difícil y, a veces, imposible. Usando las tijeras genéticas CRISPR / Cas9, ahora es posible cambiar el código de vida en el transcurso de unas pocas semanas. «Hay un poder enorme en esta herramienta genética, que nos afecta a todos. No solo ha revolucionado la ciencia básica, sino que también ha dado lugar a cultivos innovadores y dará lugar a nuevos tratamientos médicos innovadores», afirma Claes Gustafsson, presidente del Comité Nobel de Química. Como suele ocurrir en la ciencia, el descubrimiento de estas tijeras genéticas fue inesperado. Durante los estudios de Charpentier sobre Streptococcus pyogenes , una de las bacterias que más daño causa a la humanidad, descubrió una molécula previamente desconocida, tracrRNA . Su trabajo mostró que es parte del antiguo sistema inmunológico de las bacterias, CRISPR / Cas , que desarma los virus al escindir su ADN. Charpentier publicó su descubrimiento en 2011. El mismo año, inició una colaboración con Doudna, con un vasto conocimiento del ARN. Juntas, lograron recrear las tijeras genéticas de las bacterias en un tubo de ensayo y simplificaron los componentes moleculares de las tijeras para que fueran más fáciles de usar. En un experimento que hizo época, luego reprogramaron las tijeras genéticas. En su forma natural, las tijeras reconocen el ADN de los virus, pero estas investigadoras demostraron que podían controlarse para poder cortar cualquier molécula de ADN en un sitio predeterminado. Donde se corta el ADN, es fácil reescribir el código de la vida. Desde que Charpentier y Doudna descubrieron las tijeras genéticas CRISPR / Cas9 en 2012, su uso se ha disparado. Esta herramienta ha contribuido a muchos descubrimientos importantes en la investigación básica, y los investigadores de plantas han podido desarrollar cultivos que resisten el moho, las plagas y la sequía. En medicina, se están realizando ensayos clínicos de nuevas terapias contra el cáncer, y quizás pronto sea posible curar enfermedades hereditarias. «Estas tijeras genéticas han llevado las ciencias de la vida a una nueva época y, en muchos sentidos, están aportando el mayor beneficio a la humanidad», aseguran desde Estocolmo. El Nobel ha dejado fuera a un español, el biólogo de la Universidad de Alicante Juan Francisco Martínez Mojica, cuyo nombre sonaba en las quinielas para este premio durante los últimos años. Este investigador descubrió que las bacterias tienen su propio sistema inmune, hallazgo abrió la puerta a esta revolucionaria máquina de manipulación…

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