Noticias eXplora: La mujer barbuda y su reclamo en el circo Siempre han sido objeto de mofa y escarnio. Desde los orígenes de la humanidad, la existencia de mujeres barbudas sobre la faz de la Tierra ha producido sorpresa, fascinación, curiosidad, burla, recelo y miedo casi a partes iguales. Marginadas por sus características físicas, fueron acusadas de brujería o exhibidas en barracas de feria y circos. La mujer barbuda se convirtió en uno de los reclamos estrella de los freakshows a finales del siglo XIX, quizá el único lugar donde podían tener cabida. Las barbudas de los circos han sido mujeres con problemas hormonales leves, muchas de ellas casadas y con hijos. En las postales y fotos de la época se las muestra vestidas con elegancia, posando muy femeninas, con sus joyas y sus encajes. No se las relacionaba con una abierta animalidad ni con la evolución, y muchas de ellas eran buenas burguesas, madres de familia. En las cortes europeas de los siglos XVI y XVII destacan diversas figuras de salvajes, mujeres barbudas, seres anómalos... En el mundo del arte, la mujer barbuda ya despertó la curiosidad de grandes pintores, como el renacentista José de Ribera, quien retrató con gran realismo en 1631 a Magdalena Ventura de los Abruzos, junto a su hijo y su marido. La mujer barbuda (Magdalena Ventura con su marido). Autor: José de Ribera. Actualmente en el Museo del Prado (Madrid) Magdalena, nacida en los Abruzos, madre de varios hijos, se volvió barbuda a los 37 años En las cortes europeas de los siglos XVI y XVII destacan diversas figuras de salvajes, mujeres barbudas, seres anómalos, locos y chocarreros, "sabandijas y musarañas del arca de Noé", como se les llamaba, muy abundantes en la España de los Austrias (decaen durante los Borbones y la Ilustración), que pertenecen a la órbita de la diversión palaciega, el mundo doméstico y otras facetas más turbias de la cultura de la época como el espionaje. En la corte se convivía con seres deformes pero no con anomalías extremas, que a veces se explotaban solo para enseñarlas puntualmente, pero no formaban parte de la casa salvo en las pinturas que las recordaban. Estamos familiarizados con la mujer barbuda de Ribera como icono, pero más allá del inquietante grupo que configura la imagen sombría que muestra este cuadro, hay vida e historia. Magdalena, nacida en los Abruzos, madre de varios hijos, se volvió barbuda a los 37 años, y quince más tarde tuvo a su último hijo. El virrey de Nápoles encargó el retrato a José de Ribera como recuerdo de tan extraordinario fenómeno, cuyo pelaje se extendía por el rostro y el pecho. Es un cuadro extraño cuya clave, aunque no la encontremos, existe sin lugar a dudas. Esta obra solo tiene parangón con otra mujer barbuda llamada Brígida del Río, la Barbuda de Peñaranda, pintada por Juan Sánchez Cotán en 1590, cuadro que se conserva en el madrileño Museo del Prado, aunque no está expuesto al público. Al igual que Magdalena Ventura, Brígida del Río había alcanzado una gran fama hasta el punto de que aparecía citada en varias obras literarias, y fue requerida desde la corte de Felipe II. Técnicamente, ambas padecieron el síndrome de Ambras, que se caracteriza por presentar un vello largo, coloreado y grueso en todas las zonas pilosas del cuerpo en especial en la cara, orejas y hombros. El hirsutismo es una enfermedad que altera el nivel de las hormonas y motiva la aparición de pelo corporal allí donde es habitual en los varones La Barbuda de Peñaranda (Brígida del Río). Autor: Juan Sánchez Cotán. Crédito: Museo del Prado La existencia de mujeres que lucían frondosa vellosidad en su cara y mejillas era debido al hirsutismo, una enfermedad que altera el nivel de las hormonas (sobre todo genera un exceso de andrógenos u hormonas masculinas) y motiva la aparición de pelo corporal allí donde es habitual en los varones. Las féminas tienen también la capacidad de producir cierta cantidad de andrógenos como la testosterona, pero en mucha menos proporción que los varones. Sin embargo, existen dolencias como…