Noticias eXplora: Pacto extremo con el Más Allá "A través de hechos científicos me propongo demostrar claramente el fenómeno de los espíritus y probar que todo el fenómeno está fuera del dominio de lo sobrenatural". Esta fue la escueta nota manuscrita que un 5 de febrero de 1921 encontró la policía en una habitación de la calle Howard de Detroit junto al cadáver de Thomas Lynn Bradford. Todo indicaba que el fallecido, de 48 años, se había suicidado. Apagó la llama del calefactor, dejó abierto el gas que lo alimentaba y se tumbó posteriormente sobre la cama donde fue hallado. No había señales de violencia. Tampoco de haber padecido ninguna dolencia natural. La nota, además, parecía indicar que dicha muerte formaba parte de un macabro experimento en el que el fallecido quería pasar al otro lado para comprobar, fuera de toda duda, la existencia de vida en el más allá. La auténtica pasión del fallecido fue el espiritismo Cuando las autoridades indagaron en el caso, poco a poco terminaron por confirmarse estas sospechas. Bradford había sido muchas cosas. Ejerció como profesor de arte dramático, graduado en el Columbia College of Oratory de Chicago, lo que le permitió ganarse la vida como orador, conferenciante y docente de técnicas para hablar en público. También practicó el atletismo y la ingeniería. Pero al margen de estas actividades profesionales, la auténtica pasión del fallecido fue el espiritismo. Su obsesión por el tema resultó tan absorbente que se propuso demostrar su veracidad a todo el mundo. Según manifestó un amigo íntimo, Bradford, semanas antes de suicidarse, comenzó a publicar en varios diarios un anuncio por palabras en el que solicitaba interesados en participar en un ensayo para comunicarse con los difuntos. A la convocatoria respondió Ruth Starkweather Doran, quien llegó a reunirse con Thomas en varias ocasiones y así lo declaró ante la policía. Determinadas crónicas periodísticas recogieron que ambos practicaban la mediumnidad. Una vez los detalles de todo este turbio asunto llegaron a la prensa, Doran se convirtió en una dama muy mediática. En primera instancia negó haber llegado a un acuerdo con el suicida. "Respondí a su anuncio por un simple deseo de saber más sobre una cuestión en la que estaba poco versada", firmó a un diario. "No soy espiritista, ni creyente en lo psíquico". Sin embargo, días después se desdijo y aseveró estar preparada para recibir cualquier tipo de mensaje del fenecido: "Soy su amiga. Si puede hacer que su espíritu vuelva a la Tierra, creo que vendrá a mí primero". Una semana después del óbito, los acontecimientos se aceleraron. Ruth empezó a tener el presentimiento de que la comunicación con Bradford iba a producirse de inmediato. Algunas sensaciones extrañas así se lo indicaban. El estrecho seguimiento que los diarios estaban realizando de todos estos acontecimientos desencadenó una expectativa general. Las congregaciones espiritistas de la ciudad convocaron a las 21 horas diferentes sesiones de concentración para favorecer la aparición de Thomas. En una de esas sesiones, Doran operó como canalizadora. Con el salón a oscuras y las manos en las sienes, solicitó que tomaran nota de las palabras que empezó a recibir: "Oigo su voz", manifestó Ruth. "Es tenue, pero cada vez más nítida. Es el profesor ¡Escribid esto!". Soy el profesor que os habla desde el Más Allá. He atravesado el velo CRONISTA DEL MUNDO ESPIRITUAL El texto dictado supuestamente desde la ultratumba decía lo siguiente: "Soy el profesor que os habla desde el Más Allá. He atravesado el velo. La ayuda de los vivos me ha servido mucho. Simplemente me dormí. Me desperté y al principio no me di cuenta de qué había pasado. No encuentro un gran cambio aparente. Esperaba que las cosas fueran muy diferentes. No lo son. Las formas humanas se conservan en el contorno, pero no en lo físico. No he viajado mucho. Todavía estoy en la oscuridad. Veo muchas personas. Parecen naturales. Hay una ligereza de responsabilidad aquí a diferencia de la vida. Uno se siente lleno de éxtasis y…