Desde muy pequeñito, Aldo Linares ya intuía que su modo de asomarse al mundo y lo que entendemos como "real" era bien distinta al resto. A día de hoy, tras muchos años de búsqueda no tiene una respuesta ni interpretación clara a lo que le sucede. De forma superficial y reduccionista, podríamos decir que es capaz de ver y comunicarse con seres fallecidos, sin embargo ni él lo tiene tan claro. En su primer libro, Cuando lo sugerente se hace evidente (Luciérnaga, 2020), no da las claves para convertirnos en médium, tampoco pretende convencer a nadie, pero sí transmite la naturaleza de su sensibilidad que aún trata de comprender. Hemos charlado con él para conocerlo mucho mejor. Pregunta: ¿Cuándo comenzaste a ser consciente de que podías percibir la realidad de un modo distinto al resto? ¿Cómo fue y qué sensaciones te invadieron? Respuesa: Creo que fue a los seis o siete años. Ocurrió de manera sencilla, en cuanto a que en la infancia las divisiones entre realidad y fantasía se mezclan con naturalidad, sin prejuicios o intencionalidades de tener que ser de una manera. Así, los estímulos y mi propia sensación de ser yo, se fueron uniendo. La primera experiencia tuvo que ver con una observación de dos personas en la habitación de mi madre, mientras jugaba en su cama. Y se complementa con un sueño que, años más tarde, se convertiría en una observación que tuve, de una mujer en un salón de casa. Años después, un buen amigo, que no sabía nada de esto, vio a la misma persona en el mismo lugar. Esa persona le preguntó por mí. Era la misma con la que soñé y vi. P: Muchos lectores se preguntarán de qué modo te relacionas o percibes el otro lado. ¿Son visiones claras, es algo más cercano a lo que nosotros entendemos por intuición? ¿Has podido interactuar con esa otra realidad mediante distintos modos aparte del visual? R: Aunque parezca contradictorio por el carácter que se le supone a estos hechos, mis percepciones se dan de manera natural, sin brusquedad, aspavientos o cambios de comportamiento. Son visiones claras, aunque con una consistencia física algo distinta, pero sin alejarse mucho de lo que nuestra visión decodifica como algo natural. Pero noto cierta diferencia en su composición, algo más de densidad. Creo que, de alguna manera, mi conciencia se vale de mis sentidos físicos para traducir esos estímulos a mi lenguaje corporal habitual. La intuición también participa pues es parte de mi percepción y de un mecanismo integral. He podido interactuar con esa franja de manera visual, sonora y con un posible intercambio de ideas y mensajes. Pero no estoy todo el tiempo enfocado en percibir, lo estoy en vivir mi día a día. Lo otro sería absurdo. Sí, pasé miedo, sobre todo en algunos momentos de mi infancia y pubertad, mi instinto me decía que había algo que se escapaba a lo normal y me sentía vulnerable P: ¿Has sentido miedo alguna vez ante alguna de tus visiones? De ser así, ¿cómo conseguiste gestionar este modo de percibir la realidad? R: Sí, pasé miedo, sobre todo en algunos momentos de mi infancia y pubertad. No por su carácter amenazante, aunque obviamente tememos a lo que desconocemos, sino porque mi instinto me decía que había algo que se escapaba a lo normal y me sentía vulnerable. A medida que vas observando, analizando, comprendiendo y aceptando o desechando, vas aprendiendo a disciplinarte manejando tus recursos para procesar tus experiencias y darte el lugar que debes tener para no temer, marearte o creerte. Para mi es un proceso que, creo, durará siempre, como cualquiera que implica vivir y sentir. Por eso las investigaciones con el Grupo Hepta o con Cuarto Milenio me suponen un aprendizaje muy importante. P: Formas parte desde hace mucho tiempo del clásico Grupo Hepta, fundado por el padre José María Pilónpara la investigación de fenómenos extraños. Un detalle muy interesante es que vosotros jamás habéis cobrado nada por acudir a ayudar a quien os lo solicita y costeáis vuestros gastos. ¿En qué consiste tu labor y cómo se complementan…