Noticias eXplora: Encuentros con los seres de blanco En 1973 nos llegó la noticia, en forma de rumor, de un suceso en el que intervino un ser que deseaba dar un mensaje y se identificó ante sus interlocutores como procedente de otro planeta. Ante la extrañeza del caso iniciamos consultas para poder llegar a conectar con alguien que tuviera más información o pudiera conseguirla. Conocíamos que las personas implicadas deseaban mantener una reserva absoluta. Ante la imposibilidad de un viaje inmediato a Sevilla, remitimos el caso a dos relevantes investigadores sevillanos, Manuel Osuna e Ignacio Darnaude, quienes a su vez se lo pasaron a otro veterano investigador, Joaquín Mateos Nogales, quien tuvo la oportunidad de entrevistar a uno de los testigos. El investigador Ramón Navia-Osorio (tercero por la izquierda) ha viajado a numerosos países del mundo para investigar toda clase de sucesos anómalos. El suceso se produjo el 20 de agosto de 1962 a las 17 horas. Se encontraba el gerente de una conocida empresa de Sevilla dedicada a la venta de material agrícola, ingeniero industrial, casado, de unos 34 años, cerca de la desembocadura del río Guadalete, a la salida de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). El gerente estaba reunido con tres amigos, dos de los cuales eran peritos y trabajan por aquella época en Francia, y otro era ingeniero industrial. Estaban charlando, y en una mesa algo separada se encontraba un señor de aspecto elegante y vestido totalmente de blanco. «NO SOY DE ESTE PLANETA» Trascurrido un cierto tiempo se les aproximó y les rogó, con cierta timidez, mantener una conversación. El gerente le invitó a sentarse y seguidamente el hombre ataviado de blanco les comunicó que no era de este planeta, a la vez que se excusó de no acercarse demasiado para no contagiarlos. Se lo tomaron a broma y M. A. M., dirigiéndose a él, le dijo: «Tenga usted cuidado con lo que dice. Lo que está afirmando es muy grave, pues con ello está violando nuestras leyes físicas. ¿Puede demostrarnos que viene de otro planeta como está diciendo con algo que nosotros podamos ver?». Aquel hombre les dijo: «Sí, yo puedo hacerlo. Van ustedes para Sevilla».Los cuatro amigos se intrigaron aún más, ya que ninguno había mencionado el lugar a donde iban. El señor de blanco les propuso tres experiencias a modo de prueba: 1. Anticiparse a ellos en llegar a un restaurante situado en el cruce de Las cabezas de san Juan; era la intersección de la N-343 y la E-25, una zona ondulada en donde no existía, en las inmediaciones, ninguna población. Este cruce era casi de parada obligatoria entre quienes hacían el recorrido Cádiz-Sevilla, al estar a media distancia de esas dos capitales. 2. Volver a llegar primero, después de verse en el lugar anterior, a la Venta Ruiz, situada a la entrada de Sevilla y a mano derecha de la carretera. En aquellos tiempos, la Venta Ruiz era un lugar muy frecuentado y por lo tanto muy conocido. 3. Revelarles otras pruebas en un bar de la capital andaluza. El señor de blanco comunicó que no disponía de coche, sino que se valía de otros medios. Mientras este permanecía sentado, los otros partieron a toda velocidad (en aquellos tiempos no existían limitaciones de velocidad) en un Citroën GS. Durante el trayecto hasta el cruce de Las cabezas de san Juan ningún automóvil les adelantó. Al llegar al cruce vieron en el restaurante señalado, tras los cristales, al señor de blanco sentado. No se detuvieron y continuaron rápido hasta llegar a la Venta Ruiz, a la entrada de Sevilla, y allí volvieron a ver al individuo. Estaban seguros de que ningún coche les había adelantado. El desasosiego era tal que no fueron capaces de hacer la tercera experiencia y disolvieron el grupo. UN ÁNGEL DE CARRETERA En otra ocasión, Andrés Gómez Serrano, un incansable investigador de Algeciras con quien solíamos colaborar con cierta frecuencia, nos envío un escrito relatando un incidente que por aquellas fechas estaba estudiando y que hacía referencia a un hombre vestido de blanco. Transcribimos textualmente su texto: «Tengo…

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