¡Así es por dentro!

Siempre nos han dicho que las temperaturas más gélidas de la Tierra, cercanas a los 100 °C bajo cero, se dan en las zonas polares, y que las máximas tienen lugar en el núcleo terrestre, donde se sobrepasan los 6.000 °C. Sin embargo, esto solo es cierto si nos referi­mos exclusivamente a los ambientes naturales de nuestro planeta. Si incluimos las estructuras creadas por el ser humano, los récords de temperatura –y muchos otros– se registran en un lugar mucho menos inhóspito, muy cerca de la ciudad suiza de Ginebra. Allí se encuentran las instalaciones del CERN, el organismo europeo para la investigación nuclear, y <a href="https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/grandes-reportajes/11-cosas-que-no-sabias-sobre-lhc-cern_13139">el Gran Colisionador de Hadrones</a>, LHC por sus siglas en inglés, una megaestructura de ingeniería que ha cumplido 10 años en septiembre y que ahora cierra durante dos años para hacer mejoras. En el interior de este túnel circular de 27 kilómetros de longitud el nivel de vacío es superior al del espacio exterior.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/09/28/recreando-el-universo-remoto_7747752b_800x533.jpg">El llamado CMS (Solenoide Compacto de Muones) es uno de los cuatro grandes detectores del Gran Colisionador de Hadrones. Estos instrumentos detectan y analizan las colisiones de part&amp;iacute;culas subat&amp;oacute;micas. </a>La temperatura mínima, de -271,3 °C, roza el cero absoluto, y la más alta, de 10 billones de grados, rebasa unas 100.000 veces la que se da en el interior del Sol. ¿Su finalidad? Colisionar hadrones, un grupo de partículas subatómicas que incluye los protones (las partículas que principalmente circulan en el LHC), recreando las condiciones que existieron justo después del Big Bang.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/09/28/sala-de-control-del-detector-lhcb_7780f158_800x640.jpg">Sala de control del detector LHCb, por Large Hadron Collider beauty. &amp;laquo;Beauty&amp;raquo; se refiere a un tipo de quark que en espa&amp;ntilde;ol se denomina quark fondo. Este detector est&amp;aacute; instalado en el LHC y est&amp;aacute; especializado en este tipo de part&amp;iacute;culas subat&amp;oacute;micas. </a>El físico del CERN Héctor García-Morales, que trabaja en el LHC y realiza estudios y cálculos destinados a mejorar el rendimiento del mismo, explica que estas colisiones, extraordinariamente energéticas, recrean las circunstancias que hubo durante la primera milbillonésima de segundo después de esa «Gran Explosión» que tuvo lugar hace 13.800 millones de años, el inicio de un período de tres minutos que fue capital para el devenir del universo. En ese breve lapso de tiempo el universo era tan extremadamente energético, denso y caliente que no permitía la formación de átomos. Ni siquiera los fotones, componentes de la luz, podían moverse. Todo era plasma y oscuridad, hasta que las temperaturas descendieron lo suficiente para que los primeros núcleos atómicos pudieran constituirse y, literalmente, se hiciera la luz.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/09/28/gettyimages-463690432_28f928d9_800x533.jpg">El sincrociclotr&amp;oacute;n de 600 MeV, construido en 1957, fue el primer acelerador del CERN y proporcion&amp;oacute; haces de iones para los primeros experimentos en f&amp;iacute;sica de part&amp;iacute;culas y nuclear. Haciendo una u otra labor, esta m&amp;aacute;quina estuvo en activo durante 33 a&amp;ntilde;os, hasta que fue clausurada en 1990. </a>
«Cuando los protones chocan a energías tan grandes como las que se alcanzan en el Gran Colisionador, esa energía se transforma convirtiéndose en otro tipo de partículas, siguiendo la célebre ecuación de Ein­stein E=mc2, que postula la equivalencia entre energía y masa. Algunas de esas partículas componen la materia conocida, pero otras solo pudieron existir bajo aquellas condiciones tan concretas, y son las que más nos interesa estudiar», dice García-Morales.
Además de descifrar los secretos de ese…

Comments

Be the first to add a comment