Noticias eXplora: El inventor de la PCR hablaba con fantasmas Hay casos donde la mayor de las genialidades es indistinguible de la locura. A veces incluso, solo se puede ser un verdadero genio si se está loco o se tienen pensamientos extravagantes. Pero ¿cuál es el origen de esas mentes prodigiosas? En los célebres casos de los matemáticos John Forbes Nash y Srinivasa Ramanujan hablamos de un talento desmedido para los números y teoremas que, sin embargo, ellos no reconocieron como propio, sino como producto de un agente externo que les transmitía esa información. Nash afirmaba conversar con una fuente extraterrestre, mientras que Ramanujan atribuía todos sus hallazgos a una diosa hindú. Sea como fuere, ambos poseyeron unas capacidades extraordinarias cuyo origen situaban fuera de este mundo y les resultaba imposible explicar por qué se les ocurrían las fórmulas y teorías maravillosas que se les ocurrían. Enmudecían a la hora de expresar cómo su cabeza se las arreglaba para gestar un descubrimiento. Una sensación parecida experimentó el inventor de las hoy día tan famosas pruebas PCR. El Dr. Kary Mullis recibió el Premio Nobel de Química en el año 1993 por inventar la Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR, en inglés). Un método que había revolucionado la bioquímica mucho antes de que el coronavirus se adueñara de la Tierra. Dicha técnica PCR permite "desenroscar" el ADN para manejarlo así con mucha más facilidad, lo que depara casi infinitas aplicaciones en múltiples sectores: desde la modificación genética hasta las pesquisas policiales de identificación. Mullis contó a la revista Scientific American en 1990 que "un viernes por la noche, al final de la primavera, conducía hacia el Condado de Mendocino con una amiga química. Ella dormía. La carretera 101 era fácil. Me gustaba conducir de noche; cada fin de semana viajaba a mi cabaña en el norte sentado durante tres horas en el coche con mis manos ocupadas y mi mente libre". Hacía tiempo que el doctor había sido contratado por la compañía biotecnológica Cetus y reiniciado su carrera científica tras varios años retirado. Uno de los retos que Mullis tenía entonces entre manos era diseñar un nuevo método para secuenciar el ADN, y en esas cavilaciones ocupaba su cabeza mientras iba en el coche: "Aquella noche el aire estaba saturado con la humedad y el aroma de los castaños en flor. Los amenazantes tallos blancos asomaban desde los márgenes de la carretera hacia el resplandor de mis faros. Estaba pensando en los nuevos estanques que estaba excavando en mi propiedad, mientras planteaba hipótesis sobre todo lo que podía ir mal en mi experimento de secuenciación". Mullis ha llegado a especular con la posibilidad de que la ingesta de LSD le facilitara el descubrimiento de la PCR "ME VINO A LA MENTE" Pues bien, de pronto, espontáneamente, surgió la respuesta. Sin saber ni cómo ni por qué, dio con una solución tan fulminante como perfecta: había que calentar la molécula de ADN. "Emocionado, comencé a calcular potencias de dos en mi cabeza: dos, cuatro, ocho, dieciséis, treinta y dos. Recordé vagamente que dos elevado a diez era aproximadamente mil y que, por tanto, dos a la veinte era alrededor de un millón. Detuve el coche en un desvío sobre el valle de Anderson. Saqué lápiz y papel de la guantera; necesitaba comprobar mis cálculos. Jennifer, mi soñolienta pasajera, protestó aturdida por la parada y la luz, pero exclamé que había descubierto algo fantástico". Y no se equivocaba, puesto que hoy día no hay laboratorio biológico, por diminuto que sea, que no cuente con una máquina inspirada en la PCR. Lo más fascinante del asunto es que, como el propio Mullis reconoció en dicho artículo, la solución resultaba tan sencilla que estaba al alcance de cualquiera. Otro de los episodios en la vida de Mullis está protagonizado por el fantasma de su abuelo Mullis ha revelado que durante varias fases de su vida consumió drogas psicoactivas. Incluso se ha llegado a especular con la posibilidad de…