Día 15. Exploración de las profundidades antárticas

Amanecía <strong>otro domingo en el Arctic Sunrise</strong>. Nos encontrábamos navegando hacia el norte a través del <strong>estrecho Antártico</strong>. Era la última vez que pasaríamos por aquí antes de tomar rumbo de regreso a casa. Después de una última visita a las islas Shetland del Sur y tras cruzar nuevamente el mar de Hoces, volveríamos a pisar tierra firme en la población argentina de Ushuaia.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/14/nuestro-pequeno-camarote-a-bordo-del-arctic-sunrise-se-convierte-tambien-en-nuestra-oficina-desde-la-que-organizar-la-planificacion-de-cada-dia_192f0aa0_800x534.jpg"> Nuestro pequeño camarote a bordo del Arctic Sunrise se convierte también en nuestra oficina desde la que organizar la planificación de cada día.</a>Tras once inmersiones en distintos puntos del mar de Weddell y los alrededores de la península Antártica, <strong>las expectativas puestas en la expedición se habían superado con creces</strong>. Once inmersiones submarinas son tres más de las que esperábamos en el escenario más optimista. Un récord que había que agradecer a una mezcla de suerte entre las condiciones meteorológicas y el saber hacer de la tripulación.Sin embargo, aún nos esperaba <strong>una última sorpresa</strong>. En lo personal, la guinda perfecta para la expedición pues, ante el rotundo éxito de esta, teníamos la oportunidad de acompañar a <a href="https://www.nationalgeographic.com.es/antartida/john-hocevar-primer-oficial_17937">John</a> en la que sería <strong>la última inmersión en aguas antárticas</strong>.Había llegado la hora de la verdad. Al que bajase en el submarino <strong>le correspondería narrar la experiencia de su puño y letra</strong>, por lo que en lo que corresponde a esta carta, <strong>las palabras que prosiguen son las de Roberto</strong>:El descenso a los abismosPor fin llegó el momento. El día en el que se materializaría <strong>un sueño enraizado en mi mente</strong> desde el inicio de esta aventura: explorar las profundidades antárticas con el fin de <strong>atestiguar su extraordinaria biodiversidad</strong>.Obviamente, no por deseado este desafío dejaría de ser eso mismo, un desafío. Cuando al principio de este proyecto mi imaginación elucubraba con la posibilidad de hacer <strong>yo mismo una inmersión en el submarino</strong>, lo hacía de una manera muy ingenua. He de reconocer que fantaseaba con ser un mero espectador que centraría toda su atención en documentar lo que pasaba por delante de sus ojos.Pero nada más lejos de la realidad. A pesar de que la responsabilidad del manejo del submarino recae en el piloto principal, <strong>el segundo debe conocer muchos de los aspectos básicos</strong> de su funcionamiento, tanto para el desarrollo de la exploración, como para estar preparado en caso de emergencia. Créeme, querido lector, que la cantidad de <strong>válvulas, reguladores, palancas y sistemas de emergencia</strong> que pueblan ese reducido espacio en el que debía introducirme pueden hacer dudar hasta al más obstinado de los exploradores.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/14/vista-del-interior-de-mi-cabina-en-el-submarino_879e96cc_800x533.jpg">Vista del interior de mi cabina en el submarino.</a>Y así fue como empezó el día. Con <strong>una sesión intensiva de estudio</strong> en la que los ingenieros del equipo Nuytco Research repasaban conmigo una vez más cada uno de las partes que componían el interior del submarino: el primer bloque principalmente sobre sistemas de emergencia y, el segundo, sobre las mediciones que debía <strong>comunicar cada 15 minutos</strong> al ingeniero Jeff Rozon, quien monitorizaría nuestra trayectoria desde el Arctic Sunrise. Entre otros parámetros, debía informar continuamente sobre el <strong>porcentaje y presión de oxígeno en mi cabina</strong>, el de dióxido de carbono, o comprobar si los ventiladores funcionaban correctamente asegurando un correcto flujo de aire a lo largo de mi cubículo.Unas…

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