Quema controlada para frenar incendios
Amanece cerca de un lugar llamado Deaf Adder Gorge (el barranco de la Víbora Sorda), en el límite occidental del Área Indígena Protegida de Warddeken. Es principios de noviembre. El calor tropical del norte de Australia golpea como un mazo a Arijay Nabarlambarl cuando salta de un helicóptero y se acerca a las llamas. Bajas y serpenteantes, han calcinado los humedales secos como la yesca, dejando a su paso la tierra carbonizada y los árboles de corteza de papel con el tronco ennegrecido. El joven de 25 años se sitúa detrás de otros dos guardas forestales, y la sinfonía de sopladores de hojas que utilizan ahoga el crepitar del fuego. El trío recorre metódicamente el perímetro, soplando la hojarasca de los bordes hacia el interior del fuego, para que este no se propague.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/31/el-humo-de-una-quema-controlada-se-eleva-sobre-la-tierra-de-arnhem_a9156344_800x533.jpg">Los abor&iacute;genes llevan decenas de miles de a&ntilde;os viviendo en esta regi&oacute;n del norte de Australia, que gestionan quemando hierbas y matorral a principios de la estaci&oacute;n seca para evitar que los incendios devasten los bosques m&aacute;s adelante. Son una de las tres brigadas de guardas forestales indígenas que cuidan este remoto paraje de la Tierra de Arnhem, a unos 260 kilómetros al este de Darwin, y combaten un incendio forestal tardío –de finales de la estación seca– provocado por un rayo que ha extendido sus tentáculos en múltiples direcciones.Nabarlambarl se detiene para evaluar su sección del incendio. Trabaja de guarda forestal desde que terminó el instituto; el empleo le dio la oportunidad de dejar la ciudad donde cursó sus estudios y regresar a la tierra de sus antepasados. En los ocho años transcurridos desde entonces ha aprendido lo que sus mayores cuentan sobre el fuego, historias tejidas a lo largo de las decenas de miles de años que su pueblo lleva habitando este territorio. Con la bota arranca un fragmento de corteza humeante de la base de un árbol, evitando así que el fuego se apodere de él. «Tiene buena pinta, gracias a las quemas tempranas y a la cercanía del río», explica. Nabarlambarl se seca la frente y mira a través del humo. En este lugar vive una larga lista de especies endémicas y amenazadas, como el walaró negro, el dasiuro septentrional y el maluro gorjiblanco. Es un paraíso de impresionantes cascadas, formaciones rocosas, ríos y bosques vírgenes. Aunque esté ardiendo, su belleza es innegable.El incendio es uno de los 53 que los guardabosques de Warddeken combatieron a finales de la estación seca del año pasado. Entre los meses de agosto y diciembre, el fuego es implacable. La sabana tropical es el paisaje más propenso del planeta a los incendios, y hasta una tercera parte del norte de Australia arde cada año.Pero el fuego no es solo el problema. En esta parte del mundo también es la solución.<a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2022/03/31/kaywana-gamarrwu-y-vernon-garnarradj-un-guarda-forestal-de-warddeken-recorren-sus-tierras-ancestrales-con-su-hija-vinnisha-guiados-por-los-fuegos-iniciados-por-miembros-de-su-clan_283348c5_800x533.jpg">Tras ellos, un hombre porta lanzas. La caminata de seis d&iacute;as a trav&eacute;s del bush se organiz&oacute; para ayudar a los abor&iacute;genes a reconectar con su entorno y aprender las pr&aacute;cticas tradicionales. Al principio de la estación seca, cuando en el norte de Australia la temperatura era fresca y la tierra conservaba la humedad, Nabarlambarl y sus compañeros no solo no apagaban incendios, sino que los originaban. Todos los años, desde abril hasta julio, los guardas forestales recorren a pie cientos de kilómetros provistos de antorchas de goteo con las que prenden fuego al suelo, además de provocar quemas dirigidas desde el aire, lanzando perdigones incendiarios desde helicópteros.La humedad de la vegetación, las brisas suaves y las temperaturas frescas de esa época…