Un equipo de investigadores brasileños ha logrado reconstruir el cerebro de uno de los primeros dinosaurios que poblaron la Tierra. Se trata de Buriolestes schultzi, una pequeña criatura del Triásico tardío (hace entre 235 y 205 millones de años) que, según han descubierto, contaba con un encéfalo similar al de un cocodrilo. Los científicos han descubierto que <strong>estos pequeños seres tenían un tracto olfatorio alargado y</strong> sin embargo una glándula pituitaria relativamente pequeña además <strong>de un cerebelo bien desarrollado.</strong> Estos hallazgos sugieren que <strong>la criatura tenía capacidad de rastrear presas en movimiento,</strong> pero no con el olfato, <strong>que no tenía tan desarrollado, sino que probablemente se guiaba con la vista</strong>.El conocimiento sobre la anatomía de los primeros dinosaurios ha aumentado significativamente durante los últimos años. <strong>Los científicos llevan varios años desvelando un promedio de 50 nuevas especies al año</strong>, un ritmo impensable hace décadas. Ello ha permitido recabar información valiosa gracias al uso de instrumentos de última generación, como escáneres médicos, aceleradores de partículas o análisis químicos de precisión que nos permiten saber cómo eran los colores de <a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/actualidad/oviraptorosaurios-gigantes-como-incubaban-sus-huevos-sin-aplastarlos_12720">los huevos</a>, <a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/actualidad/corea-del-sur-impresiones-piel-huellas-fosilizadas-sauropodos_12148">la piel</a>, <a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/hallada-nueva-especie-dromeosaurido_15349">si tenían plumas</a> o qué forma tenía el cerebro. Sin embargo, según apuntan los a<a href="
https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/joa.13350">utores de este estudio</a> publicado en la revista especializada Journals of Anatomy, las <strong>estructuras neuronales de estos animales prehistórico</strong>s (el cerebro, los nervios que contienen el laberinto óseo) seguían <strong>siendo un misterio para la comunidad científica.</strong>La anatomía del interior del cráneo de este animal prehistórico es de gran utilidad, no solo para estudiar esta especie, sino para conocer rasgos distintivos de otras especies de <a href="
https://www.nationalgeographic.com.es/temas/dinosaurios">dinosaurios</a>, como los sauropodomorfos, un clado de dinosaurios herbívoros que incluye a los saurópodos, aquellos imponentes dinosaurios de cola y cuello largo que poblaron la Tierra hace entre 210 y 66 millones de años.<a href="/medio/2020/11/05/dinosaurio2_ffc183f0_800x885.jpg">Rodrigo Müller inspecciona el esqueleto fossilizado de Buriolestes schultzi</a>Rodrigo Müller inspecciona el esqueleto fossilizado de Buriolestes schultziFoto: Rodrigo Müller
Un cerebro más pequeño que un guisanteEl cerebro de Buriolestes schultzi es relativamente pequeño, <strong>medía alrededor de 1,5 gramos</strong>, "<strong>un poco menos que un guisante",</strong> como afirman los científicos involucrados en el estudio. Su forma, aseguran los expertos, era muy primitiva, similar a la de un cocodrilo, aunque las estructuras bien desarrolladas situadas en el cerebelo indicaban que eran un buen cazador rastrear a sus presas con una vista aguda, aunque su olfato no era para tirar cohetes. De hecho, según los mismos científicos, en base a los datos obtenidos del estudio del cerebro, dientes y la parte posterior del cráneo, sugieren que <strong>B. Schultzi era un depredador capaz de rastrear presas en movimiento, aunque no tenía desarrollado el olfato, un sentido que suele estar relacionado con un aumento de la complejidad de hábitos sociales de estos animales prehistóricos</strong> y con la capacidad para detectar plantas potencialmente tóxicas o depredadores.Los investigadores descubrieron que la criatura contaba con bulbos olfatorios y una glándula pituitaria relativamente pequeña, una característica neuroanatómica que podría estar relacionada…