La vida de Juana y su leyenda han sido estudiadas en profundidad por Michael E. Habicht y Marguerite Spycher en su obra Papisa Juana ¿El pontificado encubierto de una mujer o una leyenda ficticia?, traducida recientemente al español. En ella, aseguran que "hay muchos documentos de la iglesia que fueron falsificados y manipulados en el siglo IX" con la intención de esconder la verdad. Esta idea se fundamenta, entre otras cuestiones, en la existencia de dos estatuas en el Vaticano que representan claramente a mujeres y que no dejan de resultar un misterio para cualquiera que las observa. Pese a que las dos están bastante escondidas, no tienen ningún tipo de inscripción. La primera de ellas está localizada en la misma Basílica de San Pedro, en el arco de la nave. La segunda, sin embargo, colocada en el nicho frente a la entrada de palacio, llama enormemente la atención de los dos investigadores. Debido a su peinado, es claramente una mujer y, además, al llevar una tiara con una corona y no con tres, está localizada indudablemente en la Alta Edad Media, de la misma manera que Juana. Su simbología no deja de ser curiosa: porta en las manos un libro y las llaves del cielo, que solo como sucesora de San Pedro puede llevar. Creada entre 1720 y 1730 por Giuseppe Fracari, no hay prácticamente información sobre esta estatua en los libros de la Biblioteca Vaticana. Supuestamente, representa la "personificación de la Iglesia". Pero, ¿por qué una mujer representaría a la personificación de la Iglesia si ninguna ha encarnado nunca este puesto? Estas son las dudas que plantean los investigadores sobre el significado de la escultura. Analicemos ahora lo que nos dicen las distintas fuentes sobre su existencia. EstatuaEstatua presente en el Vaticano (Foto: Michael E. Habicht, Marguerite Spycher) EL ORIGEN DE LA LEYENDA ¿De dónde procede la historia de Juana? Posiblemente de la propia Roma, como medio para criticar al papado medieval. Se ha comprobado que, aunque Juana perteneciese al siglo IX, las fuentes literarias no la mencionan hasta el siglo XIII (Von Döllinger, 1863). Fue precisamente el dominico Jean de Mailly el encargado de alimentar la leyenda sobre una mujer que en el siglo XII se vestía como hombre, lo que la permitió llegar a ser notario de la Curia, cardenal y finalmente Papa. Otro dominico, Martín de Troppau (1277), le dio el impulso definitivo a la figura de Juana, ya que creó una lista papal e imperial en la que situó al papa Juan VII, entre León IV y Benedicto III. Dijo que su historia era "creída por la mayoría", y aseguró que "debido a la deformidad de ser mujer, no fue incluida en la lista de papas". Esto ha hecho que Troppau sea considerado el inventor de la leyenda, al ser el primero en darle el nombre de Juana y en establecer el momento exacto de su pontificado. Tras este reforzamiento en la creencia de Juana, posteriormente, entre los siglos XIV y XV, nadie dudaba de la veracidad de la Papisa, que fue considerada un auténtico personaje histórico. Solo en el tarot, con su carta de 'la sacerdotisa', se hace alusión a la papisa como una mujer sabia, reflexiva y completamente necesaria en el mundo eclesiástico La supuesta leyenda de Juana fue acompañada de otra muy llamativa y reconocida por todo el mundo: la famosa "prueba de masculinidad". Esta se basa en la idea de que, tras pasar lo de Juana, el papado quiso evitar que volviera a suceder con una prueba, en la que los papas tenían que sentarse en un asiento con un agujero para comprobar que los genitales les colgaban. Incluso en otras versiones, era un hombre, el Palpati, el que se los palpaba para comprobar que verdaderamente los tenían. Tras la comprobación, decía: Duos habet et bene pendentes (tiene dos y le cuelgan bien). Una leyenda más que, en este caso, se ha construido falsamente en torno a lo que en realidad fue simplemente el retrete de los papas. La sedia stecoraria, como se denomina a este asiento, expuesta en el Vaticano (Universidad de Cornell) ¿EXISTIÓ REALMENTE…