Noticias eXplora: Bailando con el diablo: los artistas y la magia negra Durante siglos estuvo muy extendida la creencia en la brujería y la magia negra, no sólo entre las gentes más humildes, sino también entre personajes reputados y muchos artistas. El célebre pintor Guido Reni (1575-1624) temía sobremanera a las hechiceras en un tiempo en el que se desarrolló una auténtica caza de brujas que asoló el Viejo Continente. Influido sin duda por la literatura antibrujeril que proliferaba gracias a la labor inquisitorial a través de los llamados "Martillos de Brujas", que vinculaba normalmente la brujería con el sexo femenino, Reni jamás dejaba entrar en su casa o estudio a mujeres y temía principalmente a las de mayor edad, a las que consideraba siervas del maligno. Cuentan que Giovan Francesco Rustici enseñó a hablar a un cuervo haciendo uso de sus artes oscuras Cuando perdía algo sospechaba que se debía a algún acto relacionado con la hechicería y, según Malvasia, que fue testigo directo de su mundo de terrores imaginarios, mientras éste le miraba pintar, el artista le preguntó si alguien podría hechizar las manos de una persona de modo que ya no pudiera manejar el pincel y trabajara mal forzosamente, y afirmó que en Roma, cuna de los grandes genios y los mayores locos, un francés le había enseñado un sortilegio "mediante el cual se podría, al tocarle a uno la mano de modo amistoso, comunicarle en poco tiempo una enfermedad incurable de la cual moriría infaliblemente". Haciendo honor a su desequilibrio, Reni afirmaba no obstante que conocía un antídoto para sí mismo. Giovan Francesco Rustici (1474-1554), asiduo de los jardines de los Médici y amigo de Leonardo da Vinci, sintió una gran afición por la nigromancia, por medio de la cual "dio extraños sustos a sus criados y ayudantes; y así vivía sin cuidado alguno"; al parecer, sentía verdadera devoción por los animales salvajes. Había domesticado a un puerco espín y, haciendo uso –según algunos– de sus artes oscuras, enseñó a un cuervo a decir tantas cosas que, según la pluma siempre recurrente de Vasari, "era igual que un ser humano". El genio Francisco de Goya sentiría verdadera obsesión por el tema de la brujería La brujería y toda la parafernalia demoníaca asociada a ella fue el tema principal de las obras del extraño pintor alemán Hans Baldung Grien (1484-1545), cuyo impecable pincel recogió escenas de aquelarres, vuelos nocturnos de viejas hechiceras a lomos de animales, preparación de pócimas con los más extraños y repugnantes ingredientes… un arte macabro que continúa desconcertando a aquel que visiona sus cuadros, con escenas tan diferentes a las recogidas por sus contemporáneos –eminentemente religiosas, costumbristas o mitológicas– que sólo se verían más de dos siglos después de su muerte en las pinturas de uno de los grandes genios de la pintura, Francisco de Goya. En 1509 Baldung se trasladó a Estrasburgo, donde al parecer entró en contacto con círculos humanistas entonces muy interesados en temas como la alquimia y la brujería. En sus obras, además del gusto por lo grotesco, destaca también un marcado erotismo, y una obsesión por la muerte que absorbería también a algunos de los propietarios de sus obras, como el español Felipe II, que tuvo entre su magnánima colección artística Las edades de la muerte (1539) y Las Tres Gracias (1540) del pintor germano; un monarca, el Rey Prudente, que también sentiría devoción por El Bosco, otro de los pintores más extraños y "malditos" de todos los tiempos. Sabbat de las brujas, de Hans Baldung Grien (Wikipedia) En los grabados de Baldung Grien, como digo, abundan los trabajos sobre brujería. Una de sus obras más emblemáticas y extrañas es la titulada Sabbat de las brujas (1510), en la que aparecen representadas varias adoradoras de Satán, acompañadas de algunos de sus atributos más representativos: horquillas y palos –métodos de transporte a las ceremonias satánicas–, la cabra sobre cuya grupa vuela una de ellas, la ofrenda diabólica…